“Pues no parece española”: Crónica del desencuentro entre el cine español y su público (Parte 2)

“PUES NO PARECE ESPAÑOLA”: Crónica del desencuentro entre el cine español y su público (Parte 2)

por Henrique Lage

UNA CUESTIÓN DE GÉNERO: QUÉ ES CINE ESPAÑOL

Las estanterías de los centros comerciales han decidido que “cine español” es, antes que una nacionalidad, un género. Quizá el origen de esta determinación provenga de la escasa presencia que el cine de género ha tenido en los últimos tiempos en nuestro cine, siendo difícil hacer pasar algunas películas por categorías como el terror, el cine de acción o el fantástico. Las excepciones son bien conocidas, pero no han dejado de ser eso mismo: excepciones que, desde una perspectiva generalista, no justifican la necesidad de que se diferencie las películas por su género. Lo cierto es que el argumento del cine español como género en sí mismo parece haberse estancado en un lugar indeterminado, en un totum revolutum que incluye el destape, la kinkixplotation, el primer Almodóvar y el revisionismo de la Guerra Civil, ignorando que todo esto compone una etapa de buena salud y aceptable relación con el público en el pasado -el periodo comprendido entre mediados de los años setenta y los primeros noventa- y los cambios que nuestro cine ha ido experimentando en la última década, como si estos nunca hubiesen tenido lugar. Es en los noventa cuando surge una generación de cineastas especialmente preocupados por recuperar el género dentro de unos parámetros culturales propios, aunque sin renunciar a los hallazgos del cine comercial foráneo; sin embargo, no ha sido hasta bien entrado el nuevo siglo cuando esta generación se ha asentado y ha dejado paso a jóvenes talentos con el mismo interés por hacer del cine, ante todo, un entretenimiento para el público. Así, hemos asistido a sagas cinematográficas de éxito, a directores cuyas películas son esperadas entre lo mejor del año, a exploits de películas rompetaquillas, a superproducciones, a la presencia internacional tanto de autores consagrados como de cortometrajistas…, pero también a una serie de impresionantes óperas primas que no han contado con el suficiente apoyo dentro de nuestras fronteras.

LA DISTRIBUCIÓN: EL MEJOR CINE NO SE VE

El cada vez más patente éxodo de jóvenes creadores españoles a la industria de Hollywood es una noticia agridulce: por un lado, demuestra que hay el suficiente talento y originalidad como para llamar la atención desde unos medios limitados, así como la suficiente profesionalidad como para entrar a formar parte de la industria transoceánica; pero, contemplando la otra cara de la moneda, esta emigración es consecuencia de la escasa adaptabilidad del cine español ante películas que no encajan en sus modelos, nombres y etiquetas. Así, premios y medios de comunicación no han querido o no han logrado ver el emergente talento que surgía de una generación que ya había conocido los éxitos de Bajo Ulloa, Urbizu, De la Iglesia o Amenábar, que miraban con el mismo interés al cine propio y al extranjero. Una generación que, probablemente, hubiera pasado inadvertida a muchos de no ser por la omnipresencia de Internet, un medio ya lo suficientemente fuerte como para ayudar a dar el salto, pero aún no tan significativo como para derribar otros perjuicios fuera del terreno digital. Quizá el punto de inflexión se encuentre en Alejandro Amenábar, quien en los noventa, con su corta edad e inmediato encumbramiento, hizo patente que el milagro era posible. De este modo, no tardó en verse a una generación que, fogueada en el campo del cortometraje, comenzaba a hacer ruido, cosechando premios y alabanzas. El pionero fue Juan Carlos Fresnadillo y la nominación al Oscar por su cortometraje Esposados (1996) -paralela al triunfo de Tesis (1996) en los Goya-. Fresnadillo tardaría casi un lustro en llegar a realizar Intacto (2001), su excelente debut ganador del Goya a la Mejor Dirección Novel 2002, y aún más tiempo en confirmarse internacionalmente con 28 semanas después (28 Weeks Later, 2007), resultando un claro modelo de esa nueva generación de cineastas: ignorados sus primeros logros en España, es requerido sin embargo por la industria norteamericana y de esta forma puede continuar su carrera. El caso de Nacho Vigalondo ha sido quizá el más mediático, ya que su primera película, Los cronocrímenes (2007), ha contado con distribución y compra de derechos para un remake en EEUU antes incluso de tener asegurado su estreno en España. Y más: el film de Gonzalo López-Gallego El rey de la montaña (2007) ya había recorrido medio mundo mientras aquí padecíamos su ausencia. Luis Berdejo, Rafa Cortés o los hermanos Álex y David Pastor son otros nombres que evidencian un grave problema: si sus proyectos captan la atención fuera de nuestras fronteras, si sus temáticas no se alejan del público, si los medios con los que trabajan no parecen ningún exceso… ¿Por qué han sido sistemáticamente ignorados?

Las cadenas de televisión son ahora mismo las principales proveedoras de cine en España: su inversión en ficción, la presencia de actores que han alcanzado fama a través de ellas y las gigantescas campañas publicitarias que dedican a sus películas en sus informativos, publirreportajes y cortinillas han demostrado ser el negocio más efectivo, situándolas entre las más taquilleras, lo que demuestra que es, ante todo, el marketing, la capacidad de hacer vistoso y necesario un producto, lo que arrastra al espectador a la sala de cine. La parte negativa es que las cadenas de televisión no han querido apostar con fuerza por estos nuevos talentos ante el riesgo que supone, prefiriendo optar por proyectos que si bien han tenido una importante respuesta en taquilla, no han conseguido el resultado que se esperaba en proporción a presupuestos desmesurados. Asimismo, el bloguero bajo el alias de Chico Santamano señalaba como uno de los principales problemas la falta de implicación de los actores en las respectivas promociones de sus trabajos, haciendo caso omiso de las responsabilidades que los rostros conocidos tienen a la hora de ser uno de los principales reclamos para el público.

Y es que algo malo ocurre cuando el 20% de las películas españolas no llegan a estrenarse y otro número indeterminado lo hace de tapadillo. Casos como el de ¡Soy un pelele! (Hernán Migoya, 2008), en el que su director denunció públicamente cómo la productora se había lucrado con ayudas antes del estreno, haciendo de este un mero trámite, se dan con más frecuencia de la que imaginamos. Semejantes maniobras económicas se suman a los paquetes de películas de las distribuidoras norteamericanas, que a cambio de la venta del estreno esperado de un blockbuster, obligan a comprar además otras películas de menor interés, saturando así las salas de películas que, de otro modo, no tendrían ninguna vida en multisalas e irían directas al mercado doméstico. Ante esta presión disfrazada de “demanda”, la presencia del cine español se reduce considerablemente y hace impopular las medidas de proteccionismo que sí tienen tanto Estados Unidos como nuestra vecina Francia. En ello va incluido también la ausencia de más salas alternativas, en versión original e incluso la creciente tendencia a que éstas vayan desapareciendo, originando un nuevo modelo ritualístico de ir al cine, ubicado en grandes superficies en las que se “echa el día”, a cambio de un mayor desembolso y una serie de gimnicks más atractivos. Esta agresiva mutación se ha puesto de manifiesto en la década que dejamos, motivando con ello un mercado más abierto: el de la diferenciación entre aquel cine que para el espectador tiene los suficientes alicientes como para pagar el precio económico y de desplazamiento y aquel que, en ausencia de espectacularidades, ha de limitarse al mercado de DVD.

LA ALTERNATIVA DOMÉSTICA: BARATA Y CÓMODA

La proliferación de videoclubs en los años noventa contrasta con su eminente desaparición durante la última década. Si bien cada vez se consume más cine en casa, sólo los videoclubs especializados sobreviven hoy en día a la avalancha de alternativas domésticas como Internet y el DVD, más sencillas, baratas y cómodas. Siendo éste un problema no estrictamente nacional, sí ha tenido consecuencias en nuestra industria, sobre todo por el mal entendimiento y la no siempre acertada respuesta de los organismos competentes, que pretenden repartir culpas antes que dedicar su tiempo a encontrar soluciones convenientes. El resultado es que el cine español ha sido más visto en DVD y la televisión que en salas. Y es que herramientas como Youtube o Megavideo han supuesto un arma de doble filo, que igualmente permite la distribución inmediata, libre de intermediarios, para que el autor tenga una respuesta directa con un amplio público, como un método para distribuir contenidos sin que sus responsables obtengan beneficio alguno. Los casos más flagrantes vienen a través de cuentas Premium en servidores como Rapidshare o Megaupload, que obtienen beneficios por ser intermediarios en la distribución de contenidos no licenciados, lo que demuestra cierta hipocresía por parte del usuario que prefiere pagar a una compañía por un trabajo ajeno antes que a los propios autores de ese trabajo. El otro caso es el de las páginas de torrents y e-links que permiten acceso a enlaces de redes P2P nutriéndose con ello de la publicidad de sus webs; si bien es cierto que no siempre estos beneficios suman más allá del pago del servidor, no deja de ser la forma a la que los intermediarios se han adaptado para conseguir mantener una posición parasitaria. Por suerte, existen alternativas como la que distribuidora y exhibidora Golem ha puesto en marcha con Filmin, a modo de videoclub online, que ha permitido que la última película de Adán Aliaga, Estigmas (2009), haya sido estrenada directamente a través de este portal, de manera gratuita para los mil primeros espectadores, algo que ha facilitado el dar a conocer un film que, de otro modo, habría pasado tan desapercibido como los casos ya citados. El alquiler online parece la iniciativa más factible por el momento: Filmotech o Playstation Networks son otros medios para ver películas desde el monitor del ordenador, la videoconsola o el teléfono móvil.

No obstante, los usuarios no se muestran muy satisfechos ante la idea de volver a pagar por aquello por lo que en los últimos tiempos no desembolsaban dinero alguno. Resulta perturbadora la ingente cantidad de usuarios que, antes que desembolsar cantidades ridículas por un visionado de calidad, optan por grabaciones en salas de cine y sonido embotado, minusvalorando el producto al consumirlo en condiciones inaceptables. Dicho esto, tampoco debemos olvidar que la triste realidad es que también circulan por la red películas en calidad óptima, y las facilidades y el coste cero de las descargas hacen que la industria tenga que competir contra algo insostenible: si los autores no obtienen beneficio de su trabajo, éste cesa y el audiovisual vive, en estos momentos de incertidumbre, una paradójica edad de oro ante la creciente demanda de contenidos. Se suele hablar de la necesidad de que sea esta demanda la que rija qué productos merecen el beneplácito de existir, obviando que la cantidad de demanda no necesariamente ha de ir unida a la calidad del producto, y que debería ser una obligación mantener la diversidad de ofertas ante a un medio que no ha destacado precisamente por recompensar con grandes cifras a aquellas obras que, con el paso del tiempo, han demostrado ser más de lo que el público supuso entonces.

Quien más ha contribuido a crear problemas en cuestión de derechos de autor e Internet ha sido, paradójicamente, la SGAE. Desde 1995, cuando los cineastas Bigas Luna y Juan Antonio Bardem denunciaron la falta de transparencia de Teddy Bautista por un agujero de más de 30.000 millones en la contabilidad de la Sociedad, beneficios que los autores no habían percibido, la intolerable gestión del ex-líder de Los Canarios ha sido puesta en tela de juicio. Especialmente, a partir de 2001, año en el que se renovó su Junta directiva en un 40% a causa de una polémica sobre los sistemas de votaciones para elegir a la cúpula de la entidad -Bautista es miembro de la Junta Directiva desde 1983-. Bajo la presión que venían ejerciendo desde 1998 otras entidades de gestión -como EGEDA, ALMA (Autores Literarios de Medios Audiovisuales) o DAMA (Derechos de Autor de Medios Audiovisuales)-, criticando la actitud de la SGAE y calificándola de <<sindicato vertical>>, el Servicio de Defensa de la Competencia abrió expediente en 2002 a la entidad por <<prácticas restrictivas a la competencia>>, algo que pareció solucionarse en 2003 cuando DAMA y la SGAE firmaron un acuerdo de registro único de obras. Sin embargo, en 2004 demandan a la Asociación de Internautas por <<expresiones públicas atentatorias contra su derecho al honor>>, mientras que desde septiembre de 2003 mantenemos el cobro del canon por copia privada, una especie de “cura en salud” que exige un porcentaje de beneficios en función de que el soporte con canon sea potencialmente objeto de una copia sin autorización. Las continuas quejas por el descenso de beneficios a los autores en base a la piratería y las descargas contrastó con el considerable aumento de beneficios de entidad de gestión en los años venideros. Las intromisiones son cada vez más numerosas, acudiendo cobradores a bodas y bares, o enviando empleados que exigen falsas obligaciones y niegan derechos. Estas malas artes, sumadas al cobro de un impuesto a través de una entidad privada, pero, sobre todo, al hecho de que el reparto proporcional entre los autores sea altamente discutible, han sido llevados hasta las últimas consecuencias: el odio a la SGAE ha impregnado injustamente a los derechos de autor, siendo considerados como algo negativo y juzgando a los autores como parte cómplice de lo que se considera un abuso y un robo a los usuarios. Esta visión de la propiedad intelectual ha llevado a creer que el derecho del consumidor es tener “cultura gratis”, sin pensar que para la realización de esa cultura es necesaria una cantidad considerable de medios económicos y humanos. Sin duda, parece que las cosas no podrían estar más en contra de los creadores.

CONCLUSIONES: UNA DISTANTE ESPERANZA

Cuando empecé  a redactar este artículo, la ministra González Sinde reprochaba a miembros del PP la utilización que habían hecho del cine español para atacar al gobierno socialista. Lejos de desmentirlo, el senador Juan Van Hallen, respondió que su partido estaba <<enfadado y cansado>> de la oposición de ciertos nombres del cine español a su partido, y añadió que <<no son actitudes democráticas>>. Convertido el cine español en moneda de rifirrafe político, parece complicado llegar a un acuerdo en los asuntos que legislan nuestra industria. “¡Despoliticemos el cine!” titulaba el cineasta Jaime Rosales su artículo de El País, en el que sostiene que si el cine es la industria nacional más puesta en tela de juicio durante los últimos años se debe al exceso de representación política tanto de sus películas como de quienes las representan. Olvida Rosales que si el cine se encuentra presente en los debates es debido a su visibilidad, indudablemente mayor que otras industrias a las que no cuestionamos; esto es, no porque sus miembros tengan o dejen de tener una determinada ideología, sino porque las proclamas a favor o en contra obtienen más repercusión mediática. Más acertado se mostró Álex de la Iglesia en unas recientes declaraciones con motivo de la emisión de El día de la bestia (1995) en el programa Versión Española: De la Iglesia señaló que ninguna película existe hasta que es vista por un espectador, y que debería ser motivo de agradecimiento dedicarse a un trabajo tan exigente pero tan disfrutable. El año 2009 se cierra con unos excelentes datos en taquilla y varias películas españolas notables, lo cual deja abierto, en unos tiempos tan convulsos, la posibilidad de que no todo esté perdido. Ignasi Guardans habla de los cambios que están por venir: <<Nada en el cine será como hace diez años>>(1). El dilema reside en quiénes sobrevivirán a esta tormenta y si las renuncias no tendrán consecuencias imprevisibles en aquel cine minoritario pero imprescindible que no puede cumplir las máximas de la Ley del Cine y que, por su propia condición, no contará con el beneplácito del público mayoritario. Mientras, al otro lado del charco, la todopoderosa Paramount, antaño especializada en superproducciones, ha comenzado a producir películas de unos 100.000 dólares de presupuesto, apostando por ideas antes que por efectos especiales, en un momento en el que el cine 3-D parece más preocupado por la profundidad de la estereoscopía de la pantalla que por ofrecer historias de calidad.

El primer paso para resolver el problema es entenderlo y, en este sentido, Nacho Vigalondo da la clave: <<Para la opinión pública los éxitos del cine español son triunfos individuales, pero el fracaso es un hecho colectivo>>(2). Se impone la necesidad de hacer un cine más conectado con el público, algo que no es de ningún modo incompatible con la calidad, pero además de saber promocionarlo, de darle verdadera voz a los éxitos de nuestra industria. Quizá la diáspora de nuevos valores demuestre, desde fuera, todo el talento que aquí no les es permitido desarrollar, y con ello cambie la perspectiva de la parte más retógrada de la industria y la opinión pública. Hasta que las cosas cambien, podemos fijar la vista en proyectos como El cosmonauta, de Riot Cinema Collective, que plantea un sistema de producción crowfunding bajo licencias Creative Commons y una interacción directa con su público, al mismo tiempo productor de la película. Y aunque es evidente que no todas las historias pueden seguir el mismo proceso, al menos es la muestra palpable de que se abren nuevas y emocionantes vías para entender el cine, sin ningún tipo de barrera más que la propia obra en sí, sin tener que volver a escuchar aquello de <<pues no parece española>>.

(1) 10 de diciembre de 2009. En el marco de las jornadas de profesionales sobre tv-movies de Bilbao, según transcribe Borja Crespo.

(2) En declaraciones con motivo del presente artículo.

Leer la primera parte

Welovecinema.es alternará diariamente en su sección “Operación” un tema crítico con una opinión acerca de “La mejor película de la década”, mañana sábado 9 de enero: Borja Cobeaga (Realizador cinematográfico, Pagafantas).

WE LOVE CINEMA

por Martín Satí


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16 Comentarios

  1. Bueno bueno, gran continuación hasta que se ha topado con el tema de Internet.
    Qué ironía, cómo cambia la opinión de uno cuando lee un texto que estilísticamente “sienta cátedra” en vez de “dar opiniones”, como este, ya que en lo que estás de acuerdo, estás MUY de acuerdo, pero en lo que no…
    Y creo que Henrique cae en el mismo error que Alex de la Iglesia: meter en el debate a Megavideo (escalofrío… odio el streaming, calidad puta mierda) o Rapidshare (viva coño!), así como torrents y demás.

    Ya lo comentaba una muchacha en el anterior post: casi no se encuentran películas españolas en la red. La gente del cine español DEBE aprender que los usuarios de Internet no cuentan con ellos… o al menos no están interesados en ellos.
    ¿Que la gente se descargue Agora o Spanish Movie? Pues sí, es un hecho, son pelis atractivas para el público y se les da más bombo. Pero para de contar. Quizá si todas las pelis recibieran ese trato mediático, quizá entonces se descargaría cine español en grandes cantidades, pero lo que es hoy por hoy…

    Que la descarga por Internet pueda ser un problema en el futuro, en caso de mejorar, tanto la calidad como el apoyo, promoción, etc, del cine español, pues puede ser. Pero ahora mismo no es un problema, dejémoslo fuera del débate, siempre que éste se circunscriba al cine español (si abarca más paises ya sí hablamos).

    Comentado 8 Enero, 2010 a las 13:57 | Permalink
  2. Abril 22

    Me ha gustado la segunda parte del artículo pero sobre lo de la red faltan cosas…

    España tiene el ADSL más caro de toda Europa, (una media de 30 euros al mes!) si alguien deberia pagar por las bajadas y demás son las compañias telefónicas que nos venden que “con su ADSL te lo puedes bajar Todo”. En muchos paises de Europa además de pagar la conexíón a internet tienes una serie de suplementos en el caso de que quieras descargar y la gente paga la tarifa que más le conviene ¿por qué en España no se hace? Creo que cada usuario debería pagar lo que se baja pero eso tendría que hacerse a través de la factura del teléfono.

    Comentado 8 Enero, 2010 a las 14:28 | Permalink
  3. rafataqui

    Excelente artículo. Esclarecedor. Enhorabuena.

    Comentado 8 Enero, 2010 a las 14:37 | Permalink
  4. Aquí se da por sentado que la gente no quiere pagar y que los realizadores y profesionales no pueden vivir si la gente no paga los siete euros de la entrada.

    Lo que sucede es que, al igual que en la música, la gente no está dispuesta a pagar por mantener a toda una riada de intermediarios y por usar unas instalaciones que, en su mayoría, son las mismas que hace quince o veinte años, cuando las de sus salones se asemejan, e incluso en algunos casos superan, a las de los cines, que no tienen mayor atractivo para la mayoría, que no siente la magia de la sala y de la oscuridad, que el tamaño de las pantallas y la opción de salir a la calle y realizar una actividad de ocio por un precio relativamente barato.

    Quien se ha cargado los cines ha sido el home cinema y lo hubiera hecho igual si no hubiera habido descargas de internet. En el año 2000, cuando en España las conexiones de casa más rápidas apenas alcanzaban los 40k, ya había crisis de espectadores en los cines. Y se hablaba del dvd ¿os acordáis? Y /casi nadie descargaba nada más que mp3 de ínfima calidad.

    Porque la gente no va a volver al cine porque se acabe con las descargas, la gente no va a volver a los cines de hace veinte años, ni a los que hay ahora en los sitios más avanzados con salas de proyección privadas, sillones extraordinarios y servicio de cena y copas. La gente volverá cuando haya espacios que ofrezcan un valor añadido al del visionado e la película porque siempre fue así: era más barato que ir al teatro, era una manera de enterarse de las noticias, era la manera de practicar un ocio /sano según los padres, era la posibilidad de estar con una chica a oscuras, era el mundo que entraba por los ojos cuando nadie había puesto una pierna en el extranjero.

    Y el resto, asumir ese discurso victimista y victimizador de los autoproclamados defensores de los creadores es un error que no llevará más allá de forjar débiles alianzas entre intelectuales y oportunistas. La gente no va a volver al pasado. Se puede intentar manipular el futuro, si se quiere, pero muchos se sentirán defraudados cuando se den cuenta de que todo este lío era para aumentar un 15% los ingresos en taquilla que es lo que se podría rebañar del bote, en el utópico supuesto de que se acaban todas las descargas del mundo, y será que por ayudar a algunos a rebañar el bote se habrá pagado un alto precio en términos de libertad. Y es que que la gente tenga acceso gratuito a la cultura nos hace a todos más libres y mejores. Que la gente tenga ese acceso universal a todo, que puedan intercambiarse bienes culturales sin importar su condición económica hace a una sociedad mejor. Y que, sin embargo, se defienda la cultura haciendo pagar por ella es un sinsentido peligrosísimo en una sociedad a la que sólo le queda ya el cine, porque nada les va a llegar a través de la televisión, nada en los colegios y tampoco en los libros que se venden. Queda el cine, allá ellos los que quieren quitárselo, la sociedad va a salir perdiendo dirigida por aquellos que hacen, producen o viven de películas hechas para la gente que no sabe que se puede descargar cine español del siglo XXI, o japonés de los cuarenta, o francés de los sesenta, por la red.

    Un saludo.

    Comentado 9 Enero, 2010 a las 2:22 | Permalink
  5. R

    Genial articulo. Esa frase de “no parece española” siempre me ha parecido horrible

    Comentado 9 Enero, 2010 a las 11:33 | Permalink
  6. Como suele pasar con todo tipo de artes, el público necesita tener una educación para poder juzgar aquello que tiene delante, no aquello consume.

    Sin duda hay cine hecho para el consumo pero también cine para ser visto.

    Es habitual que la mayoría de personas tengan una opinión de una película antes siquiera de verla. Muy buena culpa de esto lo tienen los géneros, que nos preparan para ver la misma “caja” una y otra vez. Por suerte o por desgracia, esto es lo que pasa con la mayoría de producciones.

    Pero, ¿Qué ocurre con el “cine”?, ¿Qué ocurre con el “arte cinematográfico”?. Este al que las películas de las que hablo arriba le deben todo. Ocurre que únicamente un porcentaje minoritario de personas lo aprecia y lo lleva adelante. Después, el resto del público lo podrá degustar tranquilamente reciclado en otra “caja”.

    Sin embargo, y ya termino mi inconexa alocución, ¿Qué pasa con aquellas personas que hacen del cine su propia vida?. Amigos, el arte es vida. El cine es vida.

    Olvidémonos de la industria.

    Comentado 9 Enero, 2010 a las 22:34 | Permalink
  7. No, gracias.

    Sin industria no tendrías cine, ni arte, ni vida.

    Comentado 10 Enero, 2010 a las 3:32 | Permalink
  8. Genial artículo, magnífico, como todo lo que estáis publicando. Pero muy matizable en algunos puntos.

    Primero, @Roko, a pesar de nuestras diferencias en otro post, no podría estar mas de acuerdo con todo lo que has dicho en este post. Sobre todo en el tema de las decargas y el cine: personalmente, el hipotético e imporbable caso del fin de las descargas en internet, yo seguiría yendo al cine al mismo ritmo (2/3 veces al mes), y optaría mas por el cine en casa (hoy día, la adquisición de equipos de alta calidad están practicamente al alcance de cualquier bolsillo; es más, con una inversión no muy alta, se puede llegar a conseguir una calidad de imagen y/o sonido, igual o superior a las de las salas de cine. Si a esto le sumamos las ventajas de ver el cine en tu propia casa -comer, beber, fumar, parar para orinar, etc-, la reducción para nuestro bolsillo, no solo por la entrada, que es escalofirantemente alta, si no por los abusivos precios de los “accesorios” -palomitas, chuches, bebidas-, pues está claro que las sals de cine tienen todas las de perder). Con esto, ir al cine se convierte en un lujo que te obliga a ser extremadamente selectivo a la hora de ver una película. Con esto quiero decir que las productoras y creadores, deberian de dejar de señalarnos con el dedo y mirar un poco a las salas de proyección y analizar el problema desde la raiz, que es muy facil acusar a quien no puede defenderse (¿qué voz y dónde tiene un internauta o espectador? Jamás, JAMAS, NUNCA, se les ha escuchado, he intentado quejarme en las salas de cine y nunca he tenido posibilidad de expresar mi opinión, somos ganado al que vender un producto y a callar y a casa, y esto debería acabarse. Consecuencia de esto que digo es una masiva pérdida de espectadores: ¿por qué pagar por un producto -cuyo interior desconocemos y no conocemos su calidad- cuyo envoltorio y presentación son mas que deficientes?
    Segundo, a todo esto hay que sumar mas cosas:
    Comenta D. Henrique que preferimos pagar por una cuenta premium antes que por cine: rotundamente FALSO. Yo pagaría gustoso una tarifa plana para poder ver películas, PERO ESTO NO EXISTE.(de hecho, es probable que si se acaban con las descargas, cancele mi conexión, pague solo por cada conexión que haga y contrate TV digital con paquetes de cine). En internet solo existe el PPV (pobre en cuanto a ofertas y calidad) y no es precisamente barato para lo que ofrece. Lo segundo es la conexión a Internet, cuyos precios mas que caros hacen que nuestros bolsillos se resientan a la hora de poder pagar por otros contenidos, y lamenteblemente por momentos la conexión a internet se hace cada vez mas necesaria.
    En resumen:
    -Entrada de cine = sablazo
    -Palomitas y otros= super sablazo
    -PPV = sablazo
    -Conexión a internet = sablazo
    Lo que se recibe a cambio de todo esto no compensa el gasto, y esto no creo que tenga discusión. Basta de culpar a otros. Problemas hay muchos y mas graves que las descargas de internet.

    Comentado 10 Enero, 2010 a las 12:19 | Permalink
  9. Sin vida, sin arte, sin cine no había industria.

    Comentado 10 Enero, 2010 a las 13:42 | Permalink
  10. @eljota

    Precisamente esas pequeñas cosas para una industria no muy desarrollada, pero grandes cosas en los sitios donde saben hacer negocios, son las que marcan que el público opte por un espacio u otro.

    Yo no he comido en mi vida nada en un cine y voy entre cuatro y ocho veces mensuales, además de los festivales, pero si eso es importante para el público debería de serlo también importante para la industria, para el arte, para el cine, porque es la vida.

    Un saludo.

    Comentado 10 Enero, 2010 a las 14:47 | Permalink
  11. Muy de acuerdo con el artículo, pero también con lo que comenta Roko al principio. Es cierto que muchos han tomado lo de “cultura gratis” como una especie de falso derecho constitucional, pagar por algo que ahora se puede conseguir gratis, aunque sea de forma alegal, es para muchos una excusa para quejarse por un privilegio, el de las descargas gratuitas, que a venido dado por la era de Internet, pero que a su vez está totalmente desrregulado.

    Creo que lo que se comenta de la SGAE es una realidad rotunda. Sus malas maneras y su falta de transparencia han conseguido dar como resultado una mala imagen brutal, que unida a la imagen dada por muchos artistas españoles tras el “No a la Guerra” ha acabado por generar reacciones adversas en gran parte de la población. Es curioso además que quienes defienden con más vehemencia la propiedad privada sean quienes denostan a los autores por querer cobrar por su trabajo.

    La solución creo que es viable pero a medio-largo plazo y con un lavado de imagen de por medio. Hay que desligar cine de política de una vez, al menos como bloque, que no se diga que “los del cine…”, sino tal o cual director opina esto o aquello. No es nada saludable identificar a un sector cultural con una ideología, o peor aún, con un partido, máxime cuando ni es un reflejo real del conjunto del sector y cuando hay una imagen negativa para gran parte del público. Por otro lado tampoco se puede pensar que el pago en Internet debe ser igual al de un comercio tradicional. Eliminando soportes físicos e intermediarios no tiene sentido cobrar lo que se cobra por bajar una canción o ver una peli a través de la red.

    Si a eso unimos un esfuerzo real de cara a la promoción y distribución, otra gran asignatura pendiente, es posible que en 5 o 10 años la salud de nuestra industria mejore considerablemente. Se ha visto este útlimo trimestre que si algo se vende bien y si tiene calidad, los resultados en taquilla pueden ser tan buenos como los de títulos venidos de Hollywood.

    Comentado 10 Enero, 2010 a las 15:18 | Permalink
  12. Me pregunto qué tiene que ver el debate sobre el cine español (y su calidad y sus medios de producción y distribución) con rapidshare, la SGAE y las churras y las merinas.

    Dos debates interesantes para dos artículos interesantes. Esta segunda parte se me antoja confusa y confundida.

    Agradezco la mención a El Cosmonauta, por supuesto, pero creo que poco tiene que ver nuestro modelo de crowdfunding con el verdadero reto que nos estamos planteando: un nuevo modelo de distribución basado en el valor añadido, en contenidos gratuitos y en una licencia abierta para su copia, exhibición y manipulación.
    Ese es el futuro del cine y por ese motivo rapidshare, p2p o cualquier otra opción no son el problema, sino la solución. El maná no pasa por eliminarlas, sino por jugarlas a favor de la película. Son la mejor vía posible de distribución y su coste es… cero.

    La guinda del pastel es que el contenido ha dejado de tener valor (dejó de tenerlo en realidad en el momento en que se inventó la primera copia digital sin pérdida de calidad ni coste) y lo que hay que hacer es buscar continentes (o valor añadido) por los que el usuario esté dispuesto a pagar.

    Y desde luego, nadie va a morirse de hambre ni va a desaparecer el cine (ni español ni chino ni el Sri Lanka) porque la gente haya dejado de pagar por el contenido.

    Mi +1 para el comentario de @Roko.

    Comentado 13 Enero, 2010 a las 19:54 | Permalink
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    Comentado 1 Marzo, 2010 a las 7:13 | Permalink
  14. Comentado 1 Marzo, 2010 a las 7:14 | Permalink
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    Comentado 1 Marzo, 2010 a las 7:14 | Permalink
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    Comentado 1 Marzo, 2010 a las 7:15 | Permalink