ALEJANDRO AMENÁBAR. EL VIAJE DEL CIENTÍFICO
Por Rafa Martín
El “viaje” de Alejandro Amenábar (Santiago de Chile, 1972) no parece tener ningún aliciente particular salvo el viaje en sí mismo. Su vehículo es grande y su mapa preciso. Y el panorama es espectacular. Lo sabemos casi todo sobre el viaje de Amenábar. Menos dos cosas: el punto de destino y las anotaciones que apunta en su cuaderno de bitácora. Respecto a la primera, cuando llegue allí, dejará de rodar películas, así que mejor evitarlo. Sobre la segunda incógnita, vale la pena arriesgarse con una idea inicial: escribe cualquier cosa, menos conclusiones.
Antes de intentar entrar en la cabeza de Alejandro Amenábar, cineasta, hay que hacer primero un ejercicio de contextualización, porque no estamos hablando de un profesional “menor”, más bien todo lo contrario. Hablar de él como un hombre “reconocido” ni siquiera se acerca a la realidad, que es la siguiente: Alejandro Amenábar es un nombre de estar por casa. Así de simple. Pensad en la magnitud de esta frase, y después intentad trasladarla al conjunto de cineastas que ha dado este país durante los últimos 75 años. Almodóvar. Quizás Berlanga, si llega la edad. Punto.
Sabiendo esto, Alejandro Amenábar es un narrador distante, un realizador extremadamente competente y un individuo analítico cuyas filias, fobias y obsesiones se ocultan en el género que trabaja, y rara vez salen a la luz porque desaparecen dentro de la estructura formal de sus películas. Dicho de otra manera: Amenábar es un artesano con inquietudes que, por lógica, deberían terminar de desarrollarse dentro de un arco mucho más longevo: cinco películas son insuficientes para catalogarle como a un autor -entendido como declarador de intenciones, transmisor de un potente mensaje, virtuoso visual con estilo formal claramente identificable-.
<<Sólo quiero mirar el mundo y ver películas. Ésa es mi mayor aspiración en la vida. Soy más espectador que director. Si algo me aterra en esta vida es que eso cambie y que ya no pueda mirar lo que me rodea como lo he hecho hasta ahora, que sea yo el observado>>, declara a El País.
Amenábar, el Autor, es un proyecto de científico. Imaginémosle de pie en el eje de una balanza perfectamente equilibrada: Se desplaza unos centímetros sobre uno de los brazos, estudiando las consecuencias del movimiento y la inclinación en la que desemboca, y nunca sin llegar al extremo de permitir que uno de los dos platos toque el apoyo sobre el que pende. Si fuera biólogo, abriría cuidadosamente el vientre del sapo anestesiado. No podría soportar que el animal se despertara durante el proceso.
Amenábar emplea sus películas como experimentos alrededor de la muerte. Quedémonos un momento con esta frase: <<Hacer Mar adentro me hizo pensar muy seriamente y de una forma muy relajada acerca de la muerte. Y asumirla. Y creo que en este momento, o tal vez con Ágora, me he dado cuenta de que ya no soy agnóstico, sino ateo“. Es interesante leer la forma en la que expresa su postura: a través de su cine. <<Tal vez con esta película me he dado cuenta de…>>, <<Mar adentro me hizo pensar….>>. Tal y como lo dice, podría argumentarse que es un hombre que está desarrollando cierta parte de su identidad a través de la experiencia que consigue de sus películas. Que alguien me corrija si estoy equivocado: si el arte quiere influenciar al espectador, ¿hay algo más artístico que un autor al que le influencian sus propias obras?.
Ni siquiera estoy seguro de que la pregunta esté bien formulada. Sólo quiero decir que cuando otros directores aseguran, Amenábar plantea. Y gran parte de las cosas que plantea giran en torno al otro barrio. A las pruebas nos remitimos: un corto -Himenóptero (1992)- y tres de las cinco películas de su filmografía se refieren de manera explícita a esta cuestión. Tesis (1996) es un film en el que un par de estudiantes se sumergen en el sórdido mundo de las snuff movies -películas que muestran la tortura y el asesinato de una persona-; los protagonistas de Los otros se desenvuelven en un entorno donde la vida y la muerte dependen de la perspectiva del narrador, y Mar adentro es la descripción de la agonía y finalmente eutanasia a la que se somete un tetrapléjico.
La muerte es un tema significativo en la todavía corta filmografía de Amenábar. En Himenóptero y Tesis, Amenábar describe una muerte violenta. En Mar adentro, es una muerte serena. Amenábar la concibe, en términos generales como el <<lugar definitivo que pasa del ser a no ser, en ese lugar quería colocar al espectador. Ese precipicio por el que todos nos tendremos que asomar alguna vez>>.
Como se puede ver, Amenábar no dice nada que no sepamos y es que la muerte tiene su intríngulis, dado que está intrínsecamente relacionada con la experiencia vital del individuo. Traducido al cine y por simplificar: me fío más de lo que me cuenta de la muerte alguien como Clint Eastwood (78 años) que este chaval de Santiago que, en comparación, es un jovenzuelo en proceso de experimentación. Todavía sigue cambiando de opinión, su comprensión de las verdades difiere de un año para otro. Abordar desde el principio este temazo simplemente debería servir, creo yo, para terminar de conformar el marco en el que se desarrollarán el resto de sus obras, y, a partir de ahí, para tratar temas más específicos – excepción hecha de Abre los ojos (1997), que dentro de su filmografía es posiblemente su película más independiente-.
La duda reside en si Amenábar, el Mito, permitirá a Amenábar, el Cineasta, adentrarse en derroteros más íntimos y personales. Es el cineasta más exitoso de la historia del cine español, el más laureado (tres Goyas a la mejor película, un Oscar con menos de 35 años) y el hombre que cambió el juego de la industria en 1995, cuando introdujo definitivamente el concepto “competir con Hollywood”. Será una incógnita que se resolverá en el futuro.
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3 Comentarios
Me llama la atención este párrafo:
“Tal y como lo dice, podría argumentarse que es un hombre que está desarrollando cierta parte de su identidad a través de la experiencia que consigue de sus películas. Que alguien me corrija si estoy equivocado: si el arte quiere influenciar al espectador, ¿hay algo más artístico que un autor al que le influencian sus propias obras?.”
En un tono malicioso, he pensado que si desarrolla su identidad después de cada película es porque estas carecen de identidad previamente. Un autor que se deja influenciar por su propia obra sería por definición, un autor egocentrista. Con esto no quiero decir que los directores no deban sacar experiencia de sus propios trabajos, lo que no deberían es centralizarla. No es lo mismo un autor que aprende de los demás para aplicárselo a sí mismo que uno que aprende de sí mismo y pretende aplicarlo a los demás. Tampoco quiero decir que el cine de Amenábar sea egocéntrico, no lo creo así en absoluto, tampoco lo definiría como “altruísta” si no más bien… “popular”. Como bien reza el artículo, hay directores que aseguran y directores que plantean, y en el caso de Amenábar, no diría que es un director que plantea en absoluto, todas sus películas tienen un mensaje muy directo aún cuando parecen distintos niveles de profundidad sobre un mismo tema: “Tesis” habla sobre la sociedad del espectáculo como algo morboso, y “Los Otros”, “Mar Adentro” y “Ágora” avanzan sobre el su postura escéptica con la religión: en “Los Otros” la religión ciega, en “Mar Adentro” prohíbe, y en “Ágora” mata. Luego a título personal considero que no es un director con una voz verdaderamente propia, y adjudicarle el tema de la muerte como algo común a su obra es excesivamente abstracto ya que es un tema demasiado general como para englobar de por sí un discurso, más cuando a mi parecer, es circunstancial con los objetivos de cada uno de sus proyectos. Solo veo a “Mar adentro” como película que trate explícitamente sobre la muerte, o más bien, sobre el derecho moral y legal a esta.
Yo no creo que sea tanto egocéntrico, como alguien capaz de evolucionar con su obra. No se si a mejor, a peor o símplemente a distinto. Pero entiendo lo que comenta Rafa, muchas veces necesitas ver tu reflejo para reconocer en ti cosas que no sabías o para cambiar tu forma de verte a ti mismo. En este caso el reflejo de Amenábar son sus películas, y como en cualquier obra artística, y más en aquellas que te obligan a crear personajes y vidas ajenas, te ves obligado a ponerte en la piel de gente que no tiene por qué ser como tú, pero cuya comprensión te permite valorar otras perspectivas y formas de ver la vida.
Amenábar, personalmente, me parece un tipo muy competente, pero en el que no hay aún definido un sello específico. Su ventaja (o no) es la capacidad de amoldarse a la historia que va a contar, sin imposturas y sin deudas hacia nadie. No se le reconocerá formalmente, pero al menos conseguira muchas veces que sus películas cumplan con lo que prometan al público.
Amenabar tocando los temas que toca es normal que reflexione sobre ellos y crezca, pero para mí sólo crece a nivel personal no como director.
Amenabar está ahora mismo en la misma disyuntiva en la que está M. Night Shyamalan. Tiene notoriedad. Se le presupone calidad. Su primer trabajo fue un exitazo y sabe hacer cine. Pero…¿que tema escoger para hacer la siguiente película? Ahí esta el problema.
Shyamalan se entiende porque es un director que busca historias mas o menos fantasticas explicadas desde su aficcion a la Fantasia. ¿Pero que motiva a Amenabar?
Mi decepcion con Agora es que no tiene ningun fin, ni el de contar algo q a Amenabar le guste, ni de profundizar en el personaje de Hypatia. Y me decepciona porque durante la película tuve la sensacion de ser manipulado por el director para posicionarme en contra de la Relegión y mas en concreto sobre el Cristianismo.
¿Cuanto tiempo invierte Agora en hablar de Hypatia y cuanto en critica de Religion? ¿Y a donde va la historia?
Voy a ser sincero. Creo que hay algo personal de Amenabar que le ha impulsado a hacer esta pelicula mas como critica de la Religion que como historia de un personaje. Y podria argumentarlo mas pero solo con los títulos de credito finales donde al espectador se le intenta manipular es ya un dato de peso.
¿Agora es constructiva o está pensada para destruir?