Bajo la influencia de Amblin (nuevo cine fantástico español)

BAJO LA INFLUENCIA DE AMBLIN (Nuevo cine fantástico español)

Por Rafa Martínez.

Corrían los años ochenta y los que ahora tenemos veintimuchos o treinta y pocos poseíamos un pequeño santuario, el videoclub del barrio. En aquel mágico lugar se apilaban montañas de vhs´s con unas carátulas maravillosas, algunas incluso tenía pequeños relieves que podíamos pasar horas observando, como la de Exploradores (Explorers, Joe Dante, 1985)… No dejaban que te llevases a casa las cajas originales, a cambio te daban una carátula estándar, en la que ponía el título de la película escrito a rotulador y simulando la tipografía de la película, esto no siempre. La mayoría de las veces te dejabas llevar por el diseño más o menos espectacular de la portada, y muchas veces te llevabas grandes decepciones, como cuando alquilabas una película de Bruce Lee y luego salía alguno de sus clones, como Bruce Li o Bruce K. Leah… Pero sabías que había una marca infalible, un sello que te aseguraba aventuras, historias fantásticas, diversión y todo tipo de emociones. Ese sello era Amblin.

No es el momento, ni tengo espacio, de contar su historia, porque el que todavía siga leyendo estas líneas la sabe de sobra… Ese sello, que ya de por sí marcaba un icono en nuestros sueños infantiles –la bicicleta voladora de E.T., el extraterrestre (E.T.: The Extra–terrestrial, Steven Spielberg, 1982)–, nos hacía suplicar a nuestros padres para que nos alquilasen los packs de Cuentos asombrosos (Amazing Stories, 1985), Gremlins (Joe Dante, 1984), Regreso al futuro (Back to the Future, Robert Zemeckis, 1985), Los Goonies (The Goonies, Richard Donner, 1985), El secreto de la pirámide (Young Sherlock Holmes, Barry Levinson, 1985) o Esta casa es una ruina (The Money Pit, Richard Benjamin, 1986), una y mil veces. Estas eran nuestras películas de cabecera y las que más problemas daban con el tracking, algo que nunca hemos sabido muy bien para que sirve, pero que hacía que esas rayas tan incómodas desaparecieran, a veces.

No es de extrañar, pues, que las nuevas generaciones de cineastas españoles, interesados en  el fantástico, tengan en su sangre la influencia de aquella década en la que Spielberg entregó varias obras maestras y dio rienda suelta a jóvenes cineastas que después se convertirían en grandes del cine americano y otros en viejas glorias. Tampoco voy a hacer una lista, pero si miramos la cantidad de directores americanos que han dirigido un capítulo de Cuentos asombrosos, nos daremos cuenta de hasta qué punto Amblin ha influenciado en el cine actual.

Hay generaciones que han vivido guerras, posguerras, que han jugado con chapas, a la comba, a las tabas, que se divertían con un palo y un puñado de canicas, la nuestra era feliz con un bollycao y con cualquier historia que nos contase Robert Zemeckis o Joe Dante. Y esto nos ha marcado para bien o para mal y resulta visible en este nuevo cine fantástico español.

Hace unos años, el cine fantástico de este país, recurría a referencias más o menos clásicas y existían pequeñas rarezas como Eugenio Martín, José Ramón Larraz o Juan Piquer Simón. Ahora, las referencias son diferentes y el cine de género español es más internacional que nunca. No es extraño, pues, que Eugenio Mira, Luiso Berdejo, Jorge Dorado, Nacho Vigalondo, Denis Rovira o Haritz Zubillaga tengan o vayan a tener más oportunidades de rodar películas en los Estados Unidos que en España. Y esto no es bueno ni es malo, es simplemente el reflejo de los tiempos que corren. En los años años 40, y por otros razones, los directores europeos emigraban a USA, y ahora el éxodo que se está produciendo en Europa es fruto de otro motivo bien lícito, las películas que quieren hacer no se las producen en su país o al menos no con el mismo apoyo y distribución que en los Estados Unidos. Después de rodar Alta tensión (Haute tension, 2003), Alexandre Aja sufrió una grave depresión al ver que su película sufría un estrepitoso fracaso comercial y que sólo en festivales de genero era bien vista. Algo parecido le sucedió a Vigalondo con Los cronocrímenes (2007), aunque en su caso aún fue peor, porque ni siquiera se la querían distribuir; caso similar al de Eugenio Mira con The Birthday (2004). ¿Por qué suceden estas cosas? ¿Qué es lo que está pasando en España para que te miren con cara rara cuando quieres estrenar una película sobre viajes en el tiempo? ¿Por qué llegar a un productor con un guión de aventuras es algo casi inviable? Posiblemente, porque los productores no pertenecen a esa generación y, al fin y al cabo, ellos son los que solicitan las subvenciones y los que deciden qué películas se realizan y cuáles no. No el público, que llena las salas cuando se estrenan películas como Los otros (The Others, Alejandro Amenábar, 2001), El laberinto del fauno (Guillermo del Toro, 2006), El orfanato (Juan Antonio Bayona, 2007), [REC] y su secuela (Jaume Balagueró y Paco Plaza, 2007–2009)… Yo no voy a juzgar a estos directores, nadie me lo ha pedido y a nadie le importa lo que yo opine de Amenábar o Paco Plaza, pero lo que sí está claro es que hay un panorama de cine fantástico español y eso no es poco. Está muy verde, casi todos tienen una o dos películas y algunos sólo cortos, y seguramente les falta mucho que aprender. Pero es evidente que a esta generación,  en su facultad o escuela, no les enseñaron a planificar como lo hacen, ni a usar el sonido, el montaje o la música de la manera en que lo usan; fueron esas películas que vieron de pequeños y que ahora llevan orgullosos en sus camisetas. Nos enseñaron a soñar: Spielberg, Zemeckis, Dante, Donner, Columbus, Robbins, Levinson… Y todo aquel que pasó cruzando la luna subido en su bicicleta…

WE LOVE CINEMA

Por Enric Satué & Claudi Satué.


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One Comentario

  1. Efectivamente… No es normal que le pases un guión a los amigos y flipen en colores cuando les dices que ni se lo lee nadie, y que si lo hacen te vienen con el “es que esto es muy caro y muy dificil, ¿no?”.

    Siempre se ha hecho cine fantástico en España y se seguirá haciendo. Pero siempre ha ido mejor fuera que dentro. Y no porque a la gente, el público, no le guste. Simplemente porque los productores no están por la labor casi nunca.

    Comentado 27 Febrero, 2010 a las 13:14 | Permalink