Diez rarezas juveniles que ya tendrías que haber visto

DIEZ RAREZAS JUVENILES QUE YA TENDRÍAS QUE HABER VISTO

Por Toni Junyent

Si del cine juvenil puede decirse que es algo parecido a un ecosistema, con su flora, su fauna, sus escenarios y sus catástrofes, también podríamos suponer que en todo ecosistema, en todo paisaje, anidan agujeros negros, pantanos burbujeantes de aguas verdosas y voces que susurran que toda tranquilidad es aparente y que en el maletero de todo coche conducido por un adolescente enamorado puede haber un cadáver. La que sigue es una lista, para nada dogmática ni exclusiva, de películas que se asoman al territorio teenager desde ópticas poco habituales, ya sea desde el cine de terror o la ciencia –ficción, o sirviéndose de la comedia negra para otear en los sueños más oscuros… He tratado que la selección no fuera demasiado obvia, huyendo de visiones autorales concretas, como pueden ser las de Larry Clark, Gregg Araki o Richard Linklater. Sin más, ahí van:

  • Deep End (Jerzy Skolimowski, 1970): La crónica del despertar sexual de un quinceañero, con una casa de baños y la noche londinense como telón de fondo, le sirve al director de la bizarra El grito (The Shout, 1978) para conseguir una película hermosa y atípica, onírica y terrenal a un tiempo, con uno de esos finales simbólicos para el recuerdo. Uno de esos filmes, muy difíciles de ver hoy en día, que pide a gritos una edición en DVD.

  • Instinto criminal (The Killing Kind, Curtis Harrington, 1972): Toda una pequeña joya de los 70 más perturbadores, Instinto criminal es algo así como la película “tapada” de la trilogía de la tercera edad de Curtis Harrington. El esquema es más o menos el mismo: Ann Sothern interpreta a la desquiciada madre de Terry (John Savage), un joven que acaba de salir de la prisión después de cumplir condena por participar en una violación en grupo. Sus deseos de venganza contra aquellos que le llevaron a la cárcel, su libido reprimida y su psicótica madre se conjuraran para despertar a su bestia interior. Esto es la decadencia de la América tradicional y lo demás son tonterías.
  • Juegos de amor prohibido (Eloy de la Iglesia, 1975): Con menos nombre que La semana del asesino (1971), El diputado (1978) o El pico (1983), pero con el mismo espíritu transgresor que caracterizó a su director, esta película narra el cautiverio de una pareja de estudiantes en la mansión de un profesor que tratará de convertirlos en sus esclavos y acabará a merced de ellos. Una comedia malvada y difícil de rodar con Franco apenas muerto o a punto de morir, que gustará a todos aquellos que alguna vez han fantaseado con tener juguetes sexuales humanos y a los que han disfrutado de películas afines como Amante, querida, puta (Maîtresse, Barbet Schroeder, 1975) o The Image (Radley Metzger, 1975).
  • Campo de exterminio (Dead–End Drive In, Brian Trenchard-Smith, 1986): Nos vamos a los 80, con una de las más divertidas derivaciones del tópico futurista del control social made in Orwell & Huxley. ¿Acaso puede haber una medida más genuina y benevolente para controlar a la juventud que encerrarla en campos de concentración camuflados en autocines, con cine, palomitas y comida basura non –stop? Un adulto responsable diría que no es saludable, pero qué más da, Beavis y Butthead estarían encantados. Uno de los grandes clásicos de la ozploitation, firmado por el autor de Turkey Shoot (1982), Los bicivoladores (BMX Bandits, 1983), La noche de los demonios 2 (Night of the Demons 2, 1994).

  • Trance (Der fan, Eckhart Schmidt, 1982): Narrada casi toda ella de forma epistolar, sin más diálogos que los estrictamente necesarios, Trance cuenta la obsesión de una desnortada muchacha alemana por un misterioso cantante pop. Como en los slashers de la época, hay que esperar a la media hora final para que pasen cosas, pero el tono otoñal y arty del conjunto puede llegar a fascinar a quien tenga el día (o la noche) para ver una película lenta.
  • Cielo líquido (Liquid Sky, Slava Tsukerman, 1982): En la época en que aún se llevaba coleccionar película en VHS, tener un ejemplar de Cielo líquido era todo un distintivo de calidad bizarra. Un extraterrestre invisible baja a la tierra en busca de heroína y merodea alrededor de un grupo de punks, gente difícil de definir sexualmente y eternos aspirantes a artistas. Un improbable científico alemán les sigue la pista, ante la incredulidad de todo aquel al que le cuenta su teoría de la invasión. Puro underground, puro artefacto salvaje, de esos filmes que no se parecen a casi nada. Y, sin embargo, pese a lo rara que es, toda ella está surcada por un halo de fatalidad, gente perdida en lugares extraños, y el orgasmo es un cristal que se te clava en la cabeza y te mata.
  • Los chicos de al lado (The Boys Next Door, Penelope Spheeris, 1985): Un descarnado y nihilista relato criminal, de esos que triunfan en las páginas de sucesos de los periódicos, escrito por James Wong y Glen Morgan, el tándem que quince años después daría luz a la saga iniciada con Destino final (Final Destination, James Wong, 2000). Entre diálogos a lo Taxi Driver (Martin Scorsese, 1976) y los crecientes arrebatos de violencia, algunos momentos descorazonadores para el recuerdo, como aquél en que los dos protagonistas, antes de partir, se detienen junto a la tétrica y gris fábrica en la que están condenados a trabajar cuando vuelvan de su fin de semana sangriento, si es que vuelven.
  • Abel (Alex Van Warmerdam, 1986): Conviene seguirle la pista a este marciano holandés, autor de una serie de comedias pseudo-costumbristas a las que siempre dota de una atmósfera irreal. En su opera prima, él mismo interpretaba a un excéntrico adolescente tardío que, a sus treinta tacos, sigue viviendo con sus padres y pasa el tiempo cortando moscas al vuelo con unas tijeras y espiando a sus vecinos. Verla para creerla.
  • Cosa de hombres (Roger Dodger, Dylan Kidd, 2002): Jesse Eisenberg, antes de convertirse en el actor adolescente de moda, debutaba en la pantalla grande con esta comedia negra en la que interpreta a un adolescente que se va un fin de semana a visitar a su tío, un supuesto depredado sexual, a ver si, con su ayuda, logra perder la virginidad. Aunque dista de poder ser considerada una comedia juvenil, los amantes del cine de perdedores y de las rarezas en general deberían echarle un vistazo. Y los amantes de Jennifer Beals, Elizabeth Berkley e Isabella Rossellini también, claro.

  • World’s Greatest Dad (Bobcat Goldthwait, 2009): Aunque se supone que el protagonista de esta película es Robin Williams, es su hijo, un estudiante más que discreto, obseso sexual y adicto al ordenador, quien se erige en héroe trágico de la función. Un héroe casi de ciencia–ficción, retoño precoz de la era Youtube para quien el sexo es poco más que la suma de papel de váter y vídeos relativamente pixelados. La última película hasta la fecha de Goldthwaith, especialista en comedias incómodas, es el más tenebroso de los reversos a una teen movie al uso, el negativo probable de esas películas en las que los chicos jóvenes y puros de corazón buscan amar y sentirse vivos. La moraleja es evidente: desconfíen siempre del currículum de los nuevos ídolos de masas. La moraleja alternativa: según cómo, sabe mejor un cuento bien contado que una dosis de realidad.
TEEN MOVIES

Por Elo Vázquez

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2 Comentarios

  1. Lourdes

    Gran foto!. Felicidades a la señorita Elo, toda una artista :)

    Comentado 19 Marzo, 2010 a las 9:16 | Permalink
  2. Bravo por el recuerdo a ‘Campo de exterminio’ (película que comencé a ver pensando que era de terror y me dejó absolutamente desorientado) y a ‘Los chicos de al lado’ (su diálogo sobre el tamaño de los pezones femeninos fue uno de los que más marcaron mi adolescencia).

    Comentado 19 Marzo, 2010 a las 10:23 | Permalink