DUENDECILLAS CHIFLADAS

DUENDECILLAS CHIFLADAS

Por Santi Pagés

Queremos resueltamente lo que pone nuestras vidas en peligro.

George Bataille

El acostumbrado indie hit de la temporada pasada fue (500) días juntos ((500) Days of Summer, Marc Webb, 2009) tragicomedia romántica que relataba de forma fragmentada la efímera relación entre Tom (Joseph Gordon–Levitt) y la Summer del título, interpretada por Zooey Deschanel. Empeñada en convertirse en un retrato de las relaciones amorosas de nuestra era, en la Annie Hall (Woody Allen, 1977) de comienzos del siglo XXI, (500) días juntos también sirvió para coronar la trayectoria de un tipo de personaje femenino que ha cobrado una especial y sintomática relevancia en la comedia romántica reciente: La Manic Pixie Dream Girl.

El término Manic Pixie Dream Girl, que este humilde comentarista traducirá como “Duendecilla Chiflada” a falta de un término mejor, fue acuñado por el crítico Nathan Rabin para designar a ese personaje femenino excéntrico, alocado, volátil y superficial que pone patas arriba la vida del protagonista masculino y en el proceso le conecta con el amor, el misterio, la emoción y, sobre todo, el riesgo. La Duendecilla Chiflada es una chica lunática y optimista, dispuesta siempre a la trasgresión y a la travesura y a la que se reconoce por su verborrea constante y por su carencia de monólogo interno. Se diría que la Duendecilla Chiflada ni piensa, ni reflexiona, ni se conoce a sí misma. Sólo actúa, sólo busca acción y diversión. Toma lo que quiere y hace lo que le place. Su fenomenal abundancia de sus deseos es paralela a su falta absoluta de identidad. Suele citarse como primer espécimen de duendecilla cinematográfica a la Katherine Hepburn de La fiera de mi niña (Bringing Up Baby, Howard Hawks, 1938), aunque existen otros muchos ejemplos: la misma Annie Hall, casi todos los personajes interpretados por Goldie Hawn en los años 70, la Melanie Griffith de Algo salvaje (Something Wild, Jonathan Demme, 1986) o la dependienta/azafata Faye en Chunking Express (Chung Hing sam Iam, Wong Kar Wai, 1994) (1).

La Duendecilla Chiflada siempre toma la iniciativa amorosa. Su victima tipo es el Chico Sensible, un postadolescente solitario e introvertido que acostumbra a encontrarse inmerso en una marea creciente de responsabilidades, en un viaje de tránsito hacia la madurez y en medio de un proceso de duelo por la muerte de un familiar cercano, como en Algo en común (Garden State, Zach Braff, 2004), de reevaluación de prioridades vitales, como el personaje de (también) Zach Braff en The Last Kiss (Tony Goldwyn, 2006), o de ambos, como el personaje de Orlando Bloom en Elizabethtown (Cameron Crowe, 2005). No es algo casual. Estos acontecimientos marcan el final de la infancia, el comienzo de la orfandad funcional y de la necesidad de enfrentarse solo al mundo, como un adulto. En estos films, el Chico Sensible siempre comienza llevando una vida alienada y rutinaria. Tiene un trabajo que odia (actor en un restaurante temático, escritor de tarjetas de felicitación, contable en ciernes, agente de seguros) y que desarrolla en su cubículo, la zona residual del sueño americano, aunque suele poseer algún talento creativo dormido que no ha tenido el valor de explorar por circunstancias diversas. La Duendecilla Chiflada hará saltar por los aires todas estas coordenadas vitales y atrapará a Chico Sensible con el cebo definitivo: La conexión emocional.

Por supuesto, la Duendecilla Chiflada es una fantasía masculina, tanto como puedan serlo el Joven Bello y Peligroso o el Maduro Interesante en la ficción femenina. Se trata de un personaje vacío, dócil y estático, otro tipo de chica–florero, que en vez de ser depositaria de cuerpos de escándalo lo es de los deseos de redención del protagonista. Y es que su presencia recurrente en los últimos años se debe sin duda a la monumental confusión masculina actual y a la no menos enorme confusión de una feminidad convertida en un bosque de cepos (2). Las Duendecillas Chifladas son la fantasía de guionistas sensibles, de chicos tímidos, desamparados y bondadosos que han sido estigmatizados en el instituto, que rehuyen acercarse a las chicas (eso puede hacerlo cualquiera), que esperan a la Chica De Tus Sueños, es decir, aquella que algún día sabrá valorarles, que algún día se asomará a la vida interior rica y tumultuosa que han venido cultivando y que les ayudará a despertar su creatividad dormida. Por eso las comedias románticas en las que aparecen Duendecillas Chifladas tienden a ser mucho más del gusto de los hombres que de las mujeres.  Este humilde comentarista confiesa haberse enamorado de un par de ellas durante la elaboración del presente reportaje.

En un principio podríamos concluir que la influencia de la Duendecilla Chiflada sobre el Chico Sensible es positiva. Las Duendecillas encarnadas por Natalie Portman en Algo en común (3), Kirsten Dunst (otra azafata) en Elizabethtown, Lucy Liu en Watching the Detectives (Paul Soter, 2007), Elisha Cuthbert en My Sassy Girl (Yann Samuell, 2008) o Zooey Deschanel en Di que sí (Yes Man, Peyton Reed, 2008) salvan a Chico Sensible de la trampa social que supone la persecución constante del éxito, medido normalmente en el salario y el número de polvos por mes, y de la alienación producida por una existencia monótona y fracasada. Él a cambió proporcionará a la duendecilla la estabilidad y serenidad que ella tanto necesita. La esperanza sobre la que se construye su relación es que de esa unión de opuestos surgirá la alquimia perfecta. Por eso estas comedias funcionan mediante encuentro y choque más que con la habitual dialéctica de chico-encuentra-chica, chico-pierde-chica, chico-reencuentra-chica tan habitual en los chick flicks. La tensión dramática se centra en si Chico Sensible conseguirá sacudirse sus demonios internos y externos con la ayuda de ella.

Otros films menos amables han hecho un esbozo de este tipo de personaje más allá del de mera entelequia y han sabido explorar su lado más oscuro (y real). Porque las Duendecillas Chifladas son muy peligrosas, también pueden perderte. En este punto, puede resultar muy útil compararlas con otros tropos femeninos de la ficción: La Lolita y la Femme Fatale.

Descrita en una línea, la Lolita es la ninfa por la que el hombre maduro se ve fatalmente atraído. En este perfil encaja la Duendecilla Chiflada interpretada por Rachel Bilson en The Last Kiss, una estudiante que apenas llega a los veinte años y que se cruza en el camino de Michael (otra vez Zach Braff, un auténtico imán de duendecillas -4-) cuando este encara la crisis de los treinta. Y es que esa es precisamente la diferencia entre los tiempos de Humbert Humbert y los primeros años de este siglo. Que la crisis existencial ya no ocurre en la mediana edad, cuando la mortalidad te agarra y te aterra, sino al final de la postadolescencia, cuando el hombre cree que la vida ya no traerá más sorpresas, cuando se enfrenta a la terrible perspectiva de tener que ver a la misma mujer desnuda en todo lo que le resta de vida. El precio a pagar, el peligro que Michael corre a causa de este nuevo tipo de Lolita es perder a su inteligente, preciosa y embarazada novia, quien representa una feminidad completamente opuesta a la de la Duendecilla, una feminidad maternal y terrestre, la que ata a los objetos y a lo práctico, la que genera responsabilidades y que por tanto contiene en última instancia un germen castrador. En cambio la Duendecilla encapsula lo ingrávido, lo etéreo, la levedad, es un globo de helio, su última oportunidad de ser feliz, como ella misma le advierte. En pocas palabras, la Duendecilla Chiflada nunca te pedirá que bajes la tapa del váter ni te regañará por no dejar los calzoncillos sucios en el cesto de la ropa.

Pero la Duendecilla es también la mujer fatal de nuestros tiempos. No seduce a Chico Sensible para que robe un halcón maltés o para que asesine a su marido millonario. No le conducirá a una perdición mortal, sino a una perdición sentimental. Lo hará como parte de su propio aprendizaje emocional o simplemente como forma de no aburrirse, de seguir avanzando en su carrera interminable por conseguir los objetos de su pasajero antojo. Los retratos más benevolentes de este personaje nunca llegan a desarrollar lo que acontece después del beso final (5). Pero la realidad terrible de la Duendecilla siempre termina por hacerse evidente. Cuando el velo de la idealización cae, la Odette creada por Marcel Proust en Por el camino de Swann (1913), Annie Hall o Summer en (500) días juntos se revelan como lo que realmente son: Criaturas crueles, manipuladoras, egoístas, inseguras y caprichosas, en ocasiones bipolares, casi siempre neuróticas. Pero entonces, ¿por qué esa atracción atávica por este tipo de mujer? ¿Es la adicción al riesgo? ¿La obsesión con lo que pone nuestras vidas en peligro? ¿La carencia de perspectivas? ¿La naturaleza intrínseca del amor? ¿Es el Chico Sensible de verdad una víctima (6)?

En el mundo real la relación entre Chico Sensible y Duendecilla Chiflada está condenada al fracaso, como habrán podido comprobar aquellos de ustedes, incluyendo este humilde comentarista, que se hayan encontrado en la vida real con algún ejemplar de duendecilla o aquellas de ustedes que pertenezcan a esa especie. Esa unión de opuestos sólo puede terminar en lágrimas porque está basada en los parámetros equivocados. El acercamiento más realista a esta problemática la podemos encontrar en ¡Olvídate de mí! (Eternal Sunshine of the Spotless Mind, Michel Gondry, 2004), que en definitiva no es más que el cíclico epílogo de una relación de este tipo. Joel (Jim Carrey) es el Chico Sensible y Clementine (Kate Winslet) una Duendecilla Chiflada más consciente de sí misma de lo habitual (<<Me aburriré contigo y terminaré sintiéndome atrapada porque eso es lo que pasa conmigo>>). Con sus idas y venidas, encuentros y desencuentros, la película de Gondry acierta de pleno en su evaluación de los destrozos causados por este tipo de descarrilamiento emocional y lo hace a través del personaje de Clementine, quien rechazará la idea que Joel tiene sobre su relación (burlándose de ese <<Tú me completas>>) y finalmente le dará el golpe de gracia: <<No voy a salvarte>>.

Y es que la salvación, si existe, comienza por uno mismo.

  1. No en vano, el único personaje principal del film que no tiene voz en off propia.
  2. Traspasadas literalmente a la realidad, las Duendecillas Chifladas del tipo benigno serían personas afectadas por algún tipo de deficiencia mental que detuvo su desarrollo psicológico a los seis años, como dejaba estupendamente claro el personaje de Charlize Theron en la serie Arrested Development (2003-2006).
  3. Resulta curioso comparar la tentadora Lolita que Portman encarnaba en Beatiful Girls (Ted Demme, 1996), otra película en la que el protagonista regresa al pueblo en el que nació y creció, con su duendecilla en Algo en común, el ego trip terapéutico escrito, dirigido e interpretado por Zach Braff, y en la que funciona únicamente como vacía y superficial excusa dramática.
  4. Es también la víctima de la duendecilla Heather Graham en la serie Scrubs (2001-presente).
  5. En My Sassy Girl, la chifladura de la duendecilla interpretada por Elisha Cuthbert se debe al suicidio de su anterior novio. Al final, ella buscará ayuda profesional y conseguirá reiniciar su relación con el Chico Sensible de turno. Cabe preguntarse si una vez superados esos problemas psicológicos, él aun la encontrará tan sexy, misteriosa y fascinante como antes.
  6. En Watching the Detectives, la duendecilla Lucy Liu confiesa a Neil (Cillian Murphy) que continúa enredándole la vida sólo porque él es como un niño que no se cansa nunca de jugar a peekaboo (cucú-tras).
  7. De durar lo suficiente, el hipotético fruto de una relación entre Chico Sensible y Duendecilla Chiflada sería un niño introvertido e irascible bastante parecido al protagonista de Donde viven los monstruos (Where the Wild Things Are, Spike Jonze, 2009), quien al crecer se enamorará casi con total seguridad de otra Duendecilla Chiflada, iniciando así de nuevo el ciclo.

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Por Mario Orellana


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5 Comentarios

  1. Oh, qué categoría más buena “orfandad funcional”. ¿Es de nuevo cuño?

    Comentado 30 Abril, 2010 a las 12:59 | Permalink
  2. williamsson

    Woody Allen tenía un nombre para esas mujeres y lo expuso en la película Maridos y mujeres. Para él son ‘mujeres kamikaze’, porque no sólo son autodestructivas sino que además te eligen, se estrellan contra ti y te arrastran en su caída hasta que te abandonan.

    “A lo largo de mi vida ha quedado demostrado que, si estoy en una habitación y en esa habitación hay una persona capaz de convertir mi vida en un infierno, la encontraré enseguida, desearé que se ponga a hablar conmigo, me sentiré como si hubiese encontrado la pieza que le faltaba a mi puzzle, empezaré a fantasear y a ver imágenes de los dos despertándonos juntos, de nuestros hijos, de nuestras tumbas contiguas dentro de cincuenta años, y encima creeré que eso es lo que quiero. Por algún motivo que desconozco, Dios ha hecho que las mujeres que me atraen estén todas locas. Pero como resulta que no creo en Dios, imagino que en realidad es una de esas circunstancias de la vida que algo tienen que ver con la forma en que me crié. La gente con la que trabajaba se refería a cierto tipo de mujeres como ‘chicas para E’. Así de grave era la cosa.

    Si la chica tenía pinta de haberse escapado del frenopático local, ahí estaba yo. A lo largo de los años he tenido una serie de novias capaces de pasar de la risa histérica al llanto desconsolado en cuestión de segundos.”

    Muy buen post, aunque sería mejor hablar de las películas originales: The last kiss y My sassy girl son simples “covers” para hollywood.

    Comentado 3 Mayo, 2010 a las 13:09 | Permalink
  3. ¡¡¡Enhorabuena por este pedazo de artículo que siempre he tenido en la cabeza y alguien lo ha escrito mejor!!!

    Comentado 4 Mayo, 2010 a las 16:59 | Permalink
  4. p galore

    Pero entonces… estamos hablando de una fantasía masculina o un personaje con el que te puedes encontrar en la vida real…?

    Comentado 7 Mayo, 2010 a las 10:18 | Permalink
  5. Perdonen que no les haya respondido antes. No me pase antes por aqui porque no imagine que el articulo generara tantos comentarios. Les agradezco y les respondo:

    Dadan, es de creacion propia, aunque quiza alguien lo haya usado antes.

    Williamsson, muchas gracias. El texto de Allen describe la problematica perfectamente. Cual es la fuente? Si me he centrado en las peliculas del ultimo lustro ha sido porque creo que es sintomatico de nuestra era.

    Srta Galore, gracias por meterse conmigo, como debe ser. Todo personaje recurrente que tiene cierto germen de verdad. Pero creo que va mas alla tambien. Porque a personas reales se les pueden atribuir caracteristicas que no existen como forma de entenderlas, de darles coherencia. Idealizaciones, ficciones, que tambien empleamos en la vida real.

    Comentado 9 Mayo, 2010 a las 20:15 | Permalink