EL DRAMA FELIZ DE CAMPANELLA
Por Juan Berrueta
No soy un gran conocedor del cine latinoamericano. De hecho, sólo conozco en profundidad la trayectoria de directores “mainstream” como González Iñárritu, que para colmo ya ni siquiera dirige películas que se puedan considerar latinas. Sin embargo, siempre me ha gustado en cine del argentino Juan José Campanella, el cual conocí a través de El hijo de la novia (2001) y cuya obra cuenta con varios títulos realmente destacables, amén de un trabajo televisivo más que interesante.
La trilogía compuesta por El mismo amor, la misma lluvia (1999), El hijo de la novia y Luna de Avellaneda (2004) es un reflejo de las inquietudes y de la sensibilidad del autor. Se trata de tres comedias sin continuidad argumental, pero con nexos de unión mucho más profundos e interesantes: comparten un mismo tono, un ritmo similar y un perfecto equilibrio entre el drama y la comedia, entre el amor y la melancolía. En los tres casos el trasfondo social argentino tiene un grandísimo peso, pues no se limita a ser un mero escenario donde se mueven los personajes, sino que afecta a estos de manera directa.
Estas tres películas se estructuran en torno a líneas argumentales sencillas que culminan en happy endings edulcorados. Muchos críticos argentinos han reprochado a Campanella este toque “a lo Frank Capra”, pero el realizador contesta con contundencia y humor: <<Si lo que yo hago son comedias románticas, ¿cómo quieren que acaben mis películas? ¿Peleándose los protagonistas? ¿De qué se quejan?>> (1). No obstante, Campanella ha sabido diferenciarse del fenómeno de “la comedia argentina de la temporada” a la que pertenecen títulos entretenidos pero mucho menos interesantes como Tiempo de valientes (Damián Szifron, 2005) o No sos vos, soy yo (Juan Taratuto, 2004).
El mismo amor, la misma lluvia nos presenta una historia de amor que comienza en los años 80 y se resuelve a finales de siglo, un período de tiempo en el que se producen cambios sustanciales en la situación del país, configurando un nuevo contexto al que los personajes necesitan adaptarse. Al final, perdidas ya la inocencia y el idealismo de la pareja, sólo se mantienen intactos el amor y la lluvia. Jorge Pellegrini (Ricardo Darín, actor fetiche de Campanella) representa a la población argentina, ilusionada tras la llegada de la democracia pero cuyos anhelos son sistemáticamente frustrados. Para el actor, <<gran parte de los argentinos hemos tenido que reestructurar nuestros principios según se ha ido presentando la realidad. Jorge tenía una línea ideológica muy estricta y después se tuvo que acomodar a las situaciones de la vida>> (2).
El hijo de la novia y Luna de Avellaneda presentan de nuevo a unos personajes en crisis existencial cuyos lugares comunes (el restaurante y el club social, respectivamente) han sido devorados por la crisis económica. Luna de Avellaneda pone especial énfasis en la relación de los ciudadanos con un centro cultural convertido en símbolo de su identidad colectiva, en oposición a un estado ajeno e impersonal que no hace sino asfixiarlos. La presencia de López Vázquez como emigrante español fundador del Luna de Avellaneda vincula esta película con Vientos de agua (2005), la teleserie que Campanella dirigió y coescribió para Telecinco. A pesar de lo interesante de su propuesta y de su alta calidad de producción, fue un estrepitoso fracaso de audiencia, aunque en DVD parece haber dado buen resultado. Vientos de agua narra de forma paralela las historias de un joven minero asturiano, que en 1934 emigra a Argentina, y la de su hijo, que en 2001 huye de una Argentina desorientada y vuelve al país de su padre en busca de mejor suerte (3). En palabras de Campanella, Vientos de agua <<fue el trabajo más difícil de mi vida. Me sirvió para probar encuadres, tratamientos de color. Apuntes de la estética que hablábamos antes que he usado en El secreto de sus ojos>>. Hasta el estreno de esta película, galardonada con el Oscar a Mejor Película de Habla no inglesa, Campanella trabajó en la televisión americana. Dirigió varios episodios de Ley y Orden (Law & Order: Special Victims Unit, 2000–2010) y de House (House M.D., 2007–2010), entre otros, y aunque él valora en mucho estas experiencias, no tiene poder sobre el guión: <<Digamos que soy el cocinero, pero la receta no es mía. Cuando la receta es mía todo es distinto, y el nivel de preocupación y de ansiedad no tienen nada que ver […] Por eso quiero seguir haciendo cine>> (4).
Su vuelta al cine supuso su mayor éxito de crítica y público. El secreto de sus ojos vuelve la vista a la historia reciente de su país, a una época de justicia corrupta y revanchista. La estética propia del género policial no eclipsa una historia con personajes reales en una Argentina real, no demasiado alejados de los personajes y las situaciones de otras de sus películas. No cabe duda que es la más trágica y menos edulcorada de sus obras, pero al mismo tiempo no pierde la historia de amor como vehículo para la salvación de sus protagonistas, los cuales alcanzan la felicidad al tiempo que recuperan su pasado. Se trata de una obra distinta, pero al mismo tiempo continuista, una interesante renovación del cineasta sin perder de vista su universo propio. Es difícil no encontrar paralelismos con El mismo amor, la misma lluvia: un escritor ligado a la mujer que ama durante toda su vida (aunque se encuentre igualmente ligado a un asesinato), ambos interpretados por los mismos actores.
El cine de Campanella trata sobre el amor y sobre la memoria. Claro ejemplo es el personaje que Norma Aleandro interpretó en El hijo de la novia, cuya enfermedad no es sino la pérdida de su memoria, de su vida entera, pero que sobrevive gracias al amor incondicional que siente por su marido, y éste por ella. Las películas de Campanella aportan siempre una mirada romántica a una Argentina trágica, plasmando para la gran pantalla lo que él mismo puso en boca del viudo de El secreto de sus ojos: si los recuerdos son lo único que nos queda, ¿por qué no escoger los más felices?
(3) Un inciso: ¿Cómo es posible que sea un actor argentino, Ernesto Alterio, el único capaz de imitar el acento asturiano sin que suene como un gallego apócrifo? Cada episodio de Doctor Mateo (2009) me hace sangrar los oídos.





