La mejor película española de la década para Martín Rosete

LOS OTROS (The Others, Alejandro Amenábar, 2001)

Vaya por delante que a mí el cine de Amenábar me encanta. Más aún, reconozco que con diecisiete años, cuando pensaba en estudiar periodismo, su primera película, Tesis (1996), me revolvió del asiento y me hizo cambiar de opinión y decidirme a estudiar Comunicación Audiovisual.

Si bien reconozco que la facultad de Ciencias de la Información no fue la panacea que esperaba, nunca guardé rencor a Alejandro. Más bien al contrario, le estoy muy agradecido, tanto por los buenos momentos que me ha hecho pasar con su cine, como por -indirectamente- ayudarme a tomar la decisión de dedicarme a hacer películas.

He visto todos sus largometrajes muchas, muchísimas veces y con todos he salido siempre con la impresión de que son obras que me hubiera encantado realizar a mí. Por eso, cuando me ofrecieron escribir sobre una película de esta década, tuve claro que quería hacerlo sobre Los Otros.

La tercera película de Amenábar es un cuento gótico con poquísimos elementos, pero armados con tan buen gusto que consigue atraparte desde el fotograma uno hasta el final. Ambientado en la Isla de Jersey (Inglaterra), poco después del inicio de la Segunda Guerra Mundial, cuenta la historia de una madre que vive en un caserón con sus dos hijos pequeños a los que mantiene alejados de la luz (magnífica metáfora narrativa) debido a que son fotosensibles. Al inicio de la película unos criados llaman a la puerta pidiendo trabajo, y eso será el inicio de extraños acontecimientos en la casa.

El ritmo y la dosificación de la información, hacen del guión de esta película todo un referente del género. No hay fuegos artificiales ni sustos gratuitos, pero consigue transmitir miedo del bueno. De ese que te mantiene con la respiración entrecortada la mayor parte de la película.

Las interpretaciones son magistrales. No sólo por parte de Nicole Kidman, que está  que se sale, si no, también, por cada uno de los secundarios, especialmente Fionnula Flanagan y Eric Sykes. Unos clásicos del cine y la televisión inglesa que le aportan unos matices y sobriedad a la película difíciles de igualar.

Leí en algún sitio que cuando Amenábar le paso el guión a Javier Aguirresarobe, que terminaría siendo el director de fotografía de la película, tan sólo le hizo una consideración: <<En esta película la luz mata>>. Aguirresarobe consiguió lucirse y obtener una de las mejores fotografías en lo que al cine patrio se refiere. Más aún sabiendo todos los problemas que se les presentaron por el hecho de rodar con luces tan bajas. Por poner un ejemplo, la idea inicial era rodar en Panavision con lentes anamórficas, pero el foco era tan crítico que tuvieron que desistir.

Mención aparte merece la banda sonora. No sólo porque también sea obra de Alejandro, sino porque es completamente redonda. A ratos recuerda a una nana -como la de La semilla del diablo (Rosemary´s Baby, Roman Polanski, 1968)- y a ratos a La marcha fúnebre de Chopin, lo que enlaza a la perfección con la narrativa de la historia. Cuando escribo guiones, me encanta escuchar bandas sonoras de otras películas. La de Los Otros está muy a menudo entre las elegidas.

Los Otros es una película que tiene en mí una atracción casi hipnótica. Sus detractores la atacaron diciendo que el final era previsible e incluso sospechosamente parecido a otra película que apareció poco antes y que también fue un pelotazo en taquilla: El sexto sentido (The Sixth Sense, M. Night Shyamalan, 1999). Particularmente, esa comparación siempre me pareció maliciosa. Ambas películas me parecen alucinantes y las disfruto muchísimo cada vez que las reviso.

Además, Los Otros resume a la perfección el tipo de cine que aspiro a hacer. Un cine español que mira fuera sin complejos. Una película que, con un presupuesto razonablemente bajo si se compara con una producción media americana (creo recordar que no llegó a los 18 millones de euros), se concibió, produjo y se distribuyó como si de un blockbuster rodado en Hollywood se tratase. Se cuidó con mimo en cada proceso y se apostó fuerte en la distribución, cosa que no suele pasar a menudo en nuestro cine. Para mí esta película, como otras de las que ha realizado Amenábar, ha abierto un nuevo sendero sin explorar para nuestro cine. Algunos compañeros ya están aprovechando esa tierra fértil. Muchas buenas películas nos esperan.

WE LOVE CINEMA

Por Lucía Porfiri.