La mejor película española de la década para Eduardo Milewicz

TORREMOLINOS 73 (Pablo Berger, 2003) – LA LEYENDA DEL TIEMPO (Isaki Lacuesta, 2006)

Escribir sobre la mejor película española de la década es una tarea que me supera por completo. La década en cuestión me encontró a caballo entre dos ciudades, Buenos Aires y Madrid, así que no pude ver todo el cine español que hubiera deseado. Lo asumo, me falta autoridad y conocimiento como para poder responder a la pregunta que se me formula. Sin embargo, hay un puñado de películas españolas con las cuales aún sigo dialogando: Mi vida sin mí (My Life Without Me, Isabel Coixet, 2003), En la ciudad (Cesc Gay, 2003), Volver(Pedro Almodóvar, 2006), La noche de los girasoles (Jorge Sánchez-Cabezudo, 2006), 25 kilates (Patxi Amézcua, 2008). Son películas que me tocaron, que me abrieron nuevas puertas en torno al cine en español. Películas que ensancharon mi mirada y me fueron dando pistas sobre esta España que sigo conociendo y desconociendo. Sin embargo, a la hora de elegir, me quedo con dos: Torremolinos 73La leyenda del tiempo.

De la primera me interesa el mundo que narra, cómo y dónde lo representa. La cinefilia que destila, el juego con el pasado. La historia menor, la de unos pobres seres remando como pueden sus ilusiones y sus fracasos, y la historia mayor, que es apenas una pincelada sobre la resaca del postfranquismo. Me conmueven esos personajes. Me interesa que el resorte de esta comedia sea el dolor y no el costumbrismo. Que lo sombrío este amenazando lo luminoso. Me interesa la metáfora de la pornografía. El deseo y la pasión. El dolor que no se proclama pero que se cuenta. Me asombran y maravillan Candela Peña y Javier Cámara. Me conmueve Candela Peña, desnuda, mirando a cámara, con la belleza, la perplejidad y la derrota a flor de piel.

Por su parte, La leyenda del tiempo es un prodigio, un pequeño milagro narrativo. El cruce entre documental y ficción. La ambición de narrar y explorar. Las preguntas que formula y el modo en que las responde a puro cine. Es una película española que se hace cargo de algo hondo y local y, al mismo tiempo, se encuentra atravesada por una mirada que reconozco y con la que me identifico: la mirada del extranjero.

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Por Jaime Asensio