LINDSAY LOHAN: Confesiones de una superfamosa adolescente
Por Noel Ceballos
Pasar de ser la Anette Funicello del cambio de milenio a la paciente favorita de todas las clínicas de rehabilitación de Santa Monica en unos ocho años no ayuda a fomentar una imagen de icono adolescente. O sí, pero desde luego no es lo que Disney tenía en mente cuando le ofreció a una Lindsay Lohan niña el papel principal en su remake de Tú a Londres y yo a California (The Parent Trap, Nancy Meyers, 1998). A partir de entonces, los intentos de la Casa del Ratón por convertirla en una superestrella tween limpia de aristas empezaron a chocar frontalmente con sus ganas de juerga fuera de la pantalla y, quizá más importante, con una vocación indie que acabó por imponerse en la segunda mitad de esta década. No obstante, aquí nos interesa el periodo que va de 2003 a 2006, es decir, los años en los que Lohan configuraba su estatus de estrella teenager a lo Molly Ringwald, se abría un hueco en la música pop de chicle y los excesos de la prensa rosa estaban todavía por venir.
Hay una manera muy interesante de ver los inicios de nuestra chica en el seno de Disney: en cierto sentido, Lohan es un experimento fallido, la primera superestrella tween de laboratorio para los tiempos de las sinergias corporativas. En otras palabras, Lindsay Lohan es una Hannah Montana que sucumbió al lado oscuro de la fama demasiado pronto y que, a la postre, sirvió para que la compañía no volviera a cometer los mismos errores con sus siguientes iconos multimedia. Sin embargo, al principio fue como la seda: tras recibir elogios de la crítica por su doble papel en Tú a Londres y yo a California, Lohan veló sus armas en un par de telefilmes para Disney Channel hasta conseguir hacerse con el papel protagonista en otro remake, Ponte en mi lugar (Freaky Friday, Mark Waters, 2003). Era la tercera vez que Disney adaptaba la novela de Mary Rogers y el primer personaje de peso que se le encomendaba a una Lohan ya adolescente, que en esta ocasión debía bregar con el recuerdo de Jodie Foster, protagonista de la versión de 1976. Misión cumplida: la película fue un éxito de taquilla y se ganó los elogios del mismísimo Roger Ebert, quien vio en nuestra chica a una digna heredera de la protagonista de Acusados (The Accused, Jonathan Kaplan, 1988).
Ponte en mi lugar configuraba muchas de las características de la LL cinematográfica: adolescente rebelde con inclinaciones musicales y cerebro se rodea de amigas estereotipadas y se cuela por un chico razonablemente guapo, pero con personalidad y/o mundo interior. La excusa fantástica de la película también le daba la oportunidad de romper brevemente con esa imagen e interpretar el papel de su madre, aunque Jamie Lee Curtis parecía pasárselo mucho mejor que ella en el lado contrario. Los 160 millones que la película recaudó en todo el mundo convirtieron a Lohan en una deseada estrella en auge, por lo que Disney decidió atarla en corto y le ofreció casi de inmediato un nuevo papel en ¡Quiero ser superfamosa! (Confessions of a Teenage Drama Queen, Sara Sugarman, 2004), comedia algo mediocre sobre una precoz aspirante a actriz que podría haber funcionado como un correlato a su meteórico ascenso a la fama, pero que parecía más bien un intento apresurado de rentabilizar el éxito de su anterior película.
El primero proyecto de Lohan fuera de Disney fue más afortunado. De hecho, podemos afirmar que Chicas malas (Mean Girls, Mark Waters, 2004) es la película clave de su filmografía: un proyecto en el que confluyen su figura de icono teen y su ya incipiente hambre de proyectos algo más complejos. Escrita por Tina Fey a partir del ensayo de Rosalind Wiseman Queen Bees and Wannabies (una visión casi antropológica de la vida en un instituto norteamericano), Chicas malas combinaba la sátira aparentemente idiota de Fuera de onda (Clueless, Amy Heckerling, 1995) con el vitriolo de Escuela de jóvenes asesinos (Heathers, Michael Lehmann, 1988), aunque su agudo retrato de la perversión inherente a un sistema educativo darwiniano y dividido en estratos —un simulacro a escala de la vida adulta, en suma— recordaba también al primer Alexander Payne. Lohan se llevaba la parte del león dentro un reparto brillante, lo que se tradujo en una cascada de premios (Teen Choice y MTV Movie Awards a la cabeza) pero, también, en un ascenso a la categoría de celebridad de primer orden. La larga relación de LL con los paparazzi y los excesos nocturnos empieza aquí.
Lohan volvió al redil de Disney para protagonizar la revitalización de una de sus franquicias en imagen real más heterodoxas: la saga de films protagonizados por Herbie, el coche con vida propia. Esta vez, las cosas estuvieron muy lejos de ser como antes: la joven actriz estaba más interesada en el lanzamiento de su primer disco que en un rodaje que acabó siendo accidentado. Lohan tuvo que ser hospitalizada por una infección en el riñón, que el estudio atribuyó al estrés que le causaba su nueva condición de celebridad. Herbie: A tope (Herbie: Fully Loaded, Angela Robison, 2005) terminó siendo un filme competente, pero su estreno estuvo rodeado de la misma polémica que su rodaje: el estudio acabó enfurecido con LL por su comportamiento durante la campaña de promoción y decidió prescindir de ella para futura ocasiones. Durante el verano de 2005, la actriz se había teñido de rubio, había perdido peso a una velocidad vertiginosa y, si hacemos caso a los tabloides, comenzaba a tener problemas con las drogas. La chica Disney había pasado a ser, definitivamente, otra cosa.
Su despedida oficial de la comedia adolescente no llegaría hasta un año después, aunque Devuélveme mi suerte (Just My Luck, Donald Petrie, 2006) carece del carisma de sus películas para Disney y, por supuesto, del toque Chicas malas. Lohan decidió orientar su carrera hacia pastos más independientes, aunque su imagen pública fue eclipsando cada vez más sus (irregulares) logros artísticos. Con semejante panorama, es comprensible que la idea de Lindsay Lohan como ídolo adolescente caído sea lo suficientemente atractiva como para olvidar que, durante un breve periodo de tiempo, estuvimos ante la primera gran superestrella teen del siglo. Por suerte, en We Love Cinema nos acordamos.
WE LOVE CINEMA
Por Carlos Navarro y Luna Hurtado





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[...] es un fragmento de mi último artículo para We Love Cinema, que durante los próximos dos meses organizará un dossier dedicado al [...]
3 Comentarios
Ciertamente, Lindsay Lohan triunfó con la muy entretenida ‘Ponte en mi lugar’, y se reafirmaba con ‘Chicas malas’. Aunque su cambio de imagen podría haberle aportado diferentes perfiles, de ser la teen rebelde a .. algo más. Supongo que si algún día vuelve con un buen papel, callará bocas y estará en la ‘onda’, aunque sinceramente creo que volvería a caer…
Ser dura y explotar su lado sexy le funciona, recientemente ha realizado una sesión de fotos con Terry Richardson tras la cámara para la revista francesa Purple. Con ciertas ganas de resultar polémica.
Es curioso porque existe ese rumor de que, si bien Lohan fue el experimento fallido, las posteriores estrellas teen de Disney (Miley Cirus, Selena Gómez, Vanessa Hudgens, Demi Lovato, los Jonas Brothers) han tenido “deslices” que parecían alentados por la casa del ratón en esa doble moral de la que les acusaban Parker y Stone: la idea sería mantener la imagen limpia y sana de sus estrellas de cara a los productos pero poner a disposición de su público la imagen sexualizada que humaniza a sus estrellas y crea expectación entre su público. De Cirus se han colado ya como, ¿cuantas veces ya? ¿tres? fotos totalmente normales para una adolescente en su tuenti pero que en los medios se han vendido como “eróticas”. Lo de Hudgens fue más conocido y evidentemente tenía un tono más sexual, que casi le valió la expulsión de Disney, aunque la perdonaron en el último momento (había que hacer “High School Musical 3″). La única que parece haber aguantado embistes, sin que esto se traduzca en un superéxito, es Hillary Duff: ha sobrevivido a una adolescencia en Disney.
Yo me quedo de todas con Meaghan Martin. A ver si no la llevan por el camino de la lujuria y el rock and roll.