MI PELÍCULA LATINOAMERICANA FAVORITA: PABLO F.

WHISKY (Juan Pablo Rebella y Pablo Stoll, 2004)

Reconozco que cada vez tengo menos idea de cine. Pero, afortunadamente, voy aprendiendo de otras cosas que hoy por hoy me parecen más importantes, entre ellas, aprender a disfrutarlo como espectador. Al cine ya no le pido mucho (o tal vez sí): simplemente que me remueva con sutileza, que me genere sensaciones y que, por extensión, me sorprenda a otro nivel más allá del narrativo. Insisto en el concepto de “sensación” porque me gusta su definición según el DRAE como la impresión que las cosas producen por medio de los sentidos.  Esta película hay que verla desde esa perspectiva. Al igual que vemos cuando amamos. Don’t we love cinema?

Whisky es una obra de arte sensorial en sí misma.

Whisky es lo que se dice al hacer una fotografía para provocar que el retratado sonría con mayor naturalidad… y quien vea la foto después, se crea ese momento de felicidad forzada.

Whisky es una película que provoca. Provoca la risa y la emoción a partes iguales. Pertenece a  ese grupo de largometrajes de culto que uno recuerda en el tiempo por la cantidad de sensaciones que tuvo al verlos. Por contra, uno tampoco recuerda mucho más: ni sus autores (el cine que sale de Uruguay es muy escaso), ni sus actores (desconocidos por venir del teatro), ni su currículum de premios (que fueron muchos y hace tiempo ya). Pero, en esencia, su virtud como obra permanece.

Odio absolutamente las sinopsis de contraportadas de DVD o de folletos informativos de salas de cine. Evito leerlas para disfrutar de todo lo que la película en sí misma ofrece y que me sorprenda. Por ello, me niego a destripar el argumento al lector: Whisky revela la historia de dos personajes solitarios y con serios problemas de comunicación que crecen sutilmente con la llegada de un tercero. Lo cual no significa que carezcan de vida o encanto, ya que pueden llegar a ser hilarantes desde la mayor inexpresividad.

El segundo y último largometraje conjunto de los uruguayos Juan Pablo Rebella y Pablo Stoll, se encuadra dentro de ese tipo de cine pausado, de silencios, de tempo lento y tedioso, reflejo de la vida de sus protagonistas. Y, sin embargo, ni un solo fotograma permite al espectador perder su atención de la pantalla. Supongo que la inacción atrapa (por lo que pueda pasar). Durante la gira internacional por festivales en los que arrasaban con Whisky en 2004, ambos directores tuvieron que responder a la constante pregunta respecto a sus similitudes estilísticas con Aki Kaurismaki o Jim Jarmusch. La austeridad de lo cotidiano, la sobriedad del tono, la selección de momentos aparentemente muertos y nada explícitos, son parte del universo de una película que, según sus autores, busca lo poético dentro de la rutina, tiende a la nostalgia evitando ser cursi y juega entre lo melancólico y la comedia. No han creado nada nuevo, pero no por eso se les debe restar mérito: lograr hacer que el espectador se ría y se muera de pena a la vez, es algo muy inteligente y hacerlo bien en ficción es admirable.

Inspirada en el imaginario visual del cómic, la realización de Whisky es un verdadero ejercicio de sutileza: no existe un solo movimiento de cámara; se monta un plano fijo tras otro, con cierto recreo en los detalles para que el espectador recomponga la situación como le sugiera y se tome su tiempo intuyendo o sintiendo; plantea múltiples encuadres que dejan fuera de campo al personaje o lo sitúan de espaldas a cámara a la espera de una reacción; propone una estética que retrata el feísmo de lo cotidiano y de lo industrial para convertirlo en una atmósfera de buen gusto. ¿Fruto de la falta de medios o decisión estética? No importa, el resultado es el que es y funciona.

El guión, firmado por los dos directores y el director de arte, Gonzalo Delgado Galiana, mantiene también la coherencia con la intención de ser poco explicativos. Se evitan los diálogos evidentes de forma radical, hasta el punto de que vemos más los silencios de las situaciones; todo se comenta de soslayo, los personajes son incapaces de hablar de lo que les ocurre realmente (¿y a quién no?). Gracias a esto logran crear momentos tan desternillantes como dramáticos, en los que la acción de la escena no tiene nada que ver con el subtexto que implica, mucho más profundo.

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Stoll y Rebella compartían una visión muy lúdica del cine y se lo tomaron como un juego con el que reírse de la vida, con un humor ácido y absurdo compensado con dosis de melancolía y soledad. A pesar de ello, Rebella optó por el suicidio con 32 años, mientras escribía el siguiente guión. Quizá el juego se le fue de las manos.

“La vida es una alternativa entre la frustración y el tedio” es una cita del pesimista de Schopenhauer que encontré por casualidad, intentando citar a Erich Fromm y su teoría de la “separatidad” por la que todos los seres humanos nos sentimos solos y separados del resto, lo que hace de nuestra existencia una angustiosa prisión. Ése creo que es el recorrido conceptual de esta película: Del tedio a la frustración y de ahí a la soledad, que puede acabar en tedio de nuevo para el que no crezca en el viaje. Pero cada cuál que interprete lo que quiera, según las sensaciones que le provoque la película.

También somos así  (afortunadamente no siempre) y nos conformamos con que la foto quede bonita para el recuerdo con un ¡WHISKY! Incluso algunos decimos PA-TA-TA, que es un tipo de conformismo más optimista. En cualquier caso, disfrutemos más de la vida, del cine y de cada fotografía instantánea, que es lo que importa.

COMIC QUE INSPIRÓ EN LA REALIZACIÓN, A CARGO DE JIMMY CORRIGAN