Mi teen movie favorita: Natalia Mateo

EL CLUB DE LOS POETAS MUERTOS (Dead Poets Society, Peter Weir, 1989)

Por Natalia Mateo

Yo debía tener quince años. Pote en la cara para tapar los granos, y una camisa Levi´s vaquera blanca a la que las hombreras le quedaban que ni pintadas.

A mi alrededor, mis amigas, Elena Maroto, Elena Martínez, Carmen María, María Luisa y Pipi, conocedoras de mis sueños y mis vergüenzas. Y aún más a mi alrededor, la plaza de toros de Cuenca, los bocadillos de tortilla, los litros de cerveza, las abuelas y los niños. El cielo estrellado de verano…, y la enorme pantalla del cine a la fresca. Creo que ya no lo hacen, es que Cuenca cada vez es menos pueblo y más ciudad; ahora vamos al centro comercial. Aunque dudo que se puedan tener ahí las mismas sensaciones, experimentar aquellos sentimientos.

Mi sensibilidad hacia el arte estaba por descubrir. Tanto la música como la pintura me eran familiares, gracias a un par de visionarios en mi familia. Pero yo no era especialmente hábil en ninguna de esas artes, sin embargo tenía el permiso para sentir, para expresarme, y me comía por dentro, puesto que no tenía herramientas.

Y allí estaba, con mi bocata y mis amigas, pensando en Toni, mi primer novio (aún pienso en Toni, ahora mismo pienso en él). Y sintiéndome distinta, teniendo un gran secreto: quería estudiar Arte Dramático, y no se lo había contado a nadie porque me daba vergüenza y además me parecía imposible conseguirlo.

Empezó a retumbar en mi cabeza “Carpe Diem”… ¡OH, CAPITÁN, MI CAPITÁN! Las chicas lloramos a coro, no sólo por la tragedia del final; eso fue catártico simplemente. Yo sé porqué lloré. Porque me identifiqué con cada uno de los personajes, porque tenían mucho dentro y no sabían y no podían sacarlo.

Gracias a aquel momento mi vida cambió, me sentí libre, incorporé el permiso a ser lo que quisiera ser. El hecho de que el personaje que quería ser actor terminase suicidándose me asustó. ¡OH, CAPITÁN, MI CAPITÁN!

¿Sería yo capaz de suicidarme si no hubiera intentado conseguir mis sueños?

Y simplemente, esa noche, en la cama, lloré, y lloré, y lloré más…, y no dormí porque lloré y sentía angustia. En el pecho, en forma de globo hinchado que ocupa un enorme vacío. ¡OH, CAPITÁN, MI CAPITÁN!

Seguí llorando imaginándome suicidada. CARPE DIEM.

Y pasó. MAMI, PAPI, ME VOY A MADRID A ESTUDIAR ARTE DRAMÁTICO.

Mi padre preguntó si eso se estudiaba, y mi madre me dijo que no me podían ayudar, que no tenían dinero. CARPE DIEM, pues sin dinero, ya lo conseguiré.

Y esa misma tarde comencé a contarle a la gente lo que quería ser de mayor: ACTRIZ. Tuve que aguantar momentos bochornosos, comentarios absurdos y pasar mucha vergüenza.

Pero aquí estoy. CARPE DIEM.

Me fui en septiembre. Celebré mi cumpleaños el 12 de diciembre en Cuenca, con mis amigos. Y Elena Maroto, Elena Martínez, Carmen María, María Luisa y Pipi me regalaron un mechero (que aún conservo), un ZIPPO, en el que está grabado:

“NATA, 12/12/1992 CARPE DIEM”.

TEEN MOVIES

Por Romualdo Faura


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2 Comentarios

  1. ¡Qué página tan necesaria y además bien hecha! Enhorabuena a quien corresponda, y a ti Natalia, gracias por descubrirnos esto. Espero que además de descubrir el amor sincero por tan bello arte, fuera también lo que te impulsó a hacer “El Maquinógrafo”. La principal cuestión es: ¿se llamaba así? La segunda es: ¿eras tú? Y la tercera: sigue luchando por tu sueño, ¡claro! Carpe diem!

    Comentado 5 Abril, 2010 a las 1:55 | Permalink
  2. Sergio

    Muy emotivo Nata.Carpe Diem

    Comentado 7 Abril, 2010 a las 14:31 | Permalink