Mi teen movie favorita: Pedro Román

El otro día vi un grupo de esos del Facebook que se llamaba: Yo a tu edad perdía los dientes, no la virginidad, que cinematográficamente quiere decir es: Yo a tu edad veía El club de los cinco, no Hannah Montana.

Con esto, habrá  quien piense que soy de los que creen que la televisión o las películas adiestran masas y juegan con la personalidad de los individuos. Nada más lejos de la realidad. En este caso, pienso lo contrario. Creo que las teen movies actuales son un reflejo de lo que está ocurriendo a nuestro alrededor. Aunque quizá me he adelantado, y estoy hablando de las preteen movies; casos como el de Hannah Montana(2006–????) o la saga High School Musical (Kenny Ortega, 2006–2008).

Recuerdo cómo los sábados por la tarde quedaba con mis amigos para ver “películas de instituto americano”, como las llamábamos nosotros. Una peli, unas patatas, coca–cola y a partirnos con las tonterías del nerd de turno que hacía flexiones para coger forma y escalar el muro del vestuario de las chicas; o tramaba planes con sus otros amigos cuatro ojos para poder pillar desprevenido al jock y así acercarse más a la animadora… Todo, o casi todo, tenía que ver con chicas, eso es verdad. En eso la cosa no ha cambiado.

El otro día vi en el cine Alvin y las ardillas 2 (Alvin and The Chipmunks: The Squeakquel, 2009) y fue como una revelación. Había visto algunas secuencias de Zac Efron entonando canciones, algún episodio de la serie de Hannah Montana y alguna película de las odiosas hermanas Olsen. Pero fue el otro día cuando realmente puse en relación estos films con el por qué las niñas de trece años se pintan los labios y por qué surgen fenómenos como Raulito, “el niño que da conciertos en vez de ir al colegio, y lo peor de todo es que las abuelas le aplauden”.

No he visto la primera parte de la película de las ardillas listadas, pero para el caso es lo mismo; me la puedo imaginar. En esta segunda entrega (y esperemos que última), Alvin comienza dando un concierto ante una multitud adolescente y termina la película ¡igual! Entre medias, ochenta minutos que se podrían resumir en una emisión de Factor X con los Teletubbies y sus buenas intenciones como jurado.

Así que la ficción da al público lo que el público quiere. Y el público quiere lo que la ficción le da. Así que en este círculo vicioso en el que puede haber algunos culpables, hay muchos damnificados, y quedan algunos inocentes que intentan hacer las cosas de otro modo. En realidad, no debe resultarnos extraño que después de Factor X llegue Fama, y luego Tienes talento, y luego la película de Barbie, y luego…

De modo que entre toda esta morralla, sólo se me ocurre o bien resucitar a John Hughes, o bien enseñar en las escuelas Freaks and Geeks(1999–2000), o, directamente, sacar a los niños a jugar a la calle. Aunque se está asentando la fórmula de Judd Apatow, Paul Feig y compañía; de hecho, los primeros cuarenta minutos de Supersalidos (Superbad, Greg Mottola, 2007) son mis preferidos. Así que esa es mi película para We Love Cinema: la primera parte de Supersalidos.

WE LOVE CINEMA

Por Pedro Román