Mi teen movie favorita: Santi Amodeo

QUADROPHENIA (Franc Roddam, 1979)

Por Santi Amodeo

La primera vez que vi Quadrophenia no tendría ni quince años. La ponían en el cine de verano de mi barrio y un amigo de mi hermano que era algo parecido a un mod casi nos obligó a ir. Casualmente se hacía llamar Jimmy, como el prota. Pero ni de lejos tenía su elegancia. Ni su Lambretta. Ni siquiera tenía unas boleras o una parka. Daba igual, se hacía llamar Jimmy. Y desde esa noche, nosotros le entendíamos. Porque la primera vez que vimos Quadrophenia, unos pocos quinceañeros también quisimos ser mods.

La adolescencia está llena de primeras veces. Y en la mía, Quadrophenia ha formado parte de alguna de ellas. Por ejemplo, la primera vez que me comí una Centramina –me dan ganas de vomitar de sólo pensarlo; y también se me eriza la nuca de la nostalgia–. A partir de entonces lo hacíamos a veces, como rito, antes de salir. En aquella época era casi una obligación tomar alguna anfetamina de cuando en cuando, así que aunque me ponían como una pelota de ping pong, pues pa´dentro. Elegíamos una escena al azar, rebobinando –eran los años del VHS–, y ya estábamos listos.

Pero volviendo a Quadrophenia, su argumento es sencillamente magistral. Una montaña rusa. Como una anfeta –aggghhhh, mi estómago–. Y al final, cuando todo se viene abajo, encontrarse al As de Oros ejerciendo de botones, ese impagable Sting que secuencias atrás habíamos visto como el príncipe de la pista o el general que lideraba valientemente las huestes mods

Dramaturgia pura. Cine puro. Teen o no.

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