Modelos de thriller español en el siglo XXI

MODELOS DE THRILLER ESPAÑOL EN EL SIGLO XXI

Por Noel Ceballos.

En una de sus conferencias literarias en la universidad de Cornell, Vladimir Nabokov se quejaba de que el thriller anglosajón sigue siempre los mismos parámetros: el villano es castigado, el héroe aburrido se lleva a la chica, el orden se reestablece al final. Paradójicamente, el género de suspense acaba revelándose incapaz de provocar ningún tipo de suspense en un espectador que ya conoce las convenciones. Durante la última década, el cine español ha generado un buen número de desafíos a la norma, articulando varias subespecies de thriller que no sólo fusionan lo mejor de las escuelas europea y norteamericana, sino que son un indudable producto de su tiempo (los primeros años del siglo XXI, ese caldo de cultivo para todos los miedos y ansiedades sociales). A continuación, analizaremos algunos ejemplos de cintas que, como señalaba Nabokov, responden a nuestro deseo secreto de que la chica desprecie al héroe y se vaya con el villano: thrillers a contracorriente que, en muchos sentidos, parecían impensables antes de ese cambio de milenio que tantos estímulos le ha proporcionado a nuestro cine.

1. El thriller paranoico: La era de la hipervisibilidad ha traído consigo un deseo casi enfermizo de sentirnos protegidos… y, por supuesto, una sensación palpable de que jamás estaremos completamente seguros. El habitante incierto (2004), espléndido debut de Guillem Morales, es el mejor ejemplo de cine paranoico para unos tiempos de crisis de identidad. No debería sorprendernos que su protagonista sea un arquitecto que construye, sin saberlo, su propia pesadilla: La comunidad (Álex de la Iglesia, 2000) también jugaba con la idea del miedo al Otro en una vivienda que servía como caja de resonancia social. Aunque quizá Zulo (C. Martín Ferrera, 2005) sea la muestra más radical de esta tendencia a considerar el espacio físico como prolongación de una psique a punto de resquebrajarse: un hombre encerrado en el profundo agujero de su propia paranoia.

2. El thriller rural: El rey de la montaña (Gonzalo López Gallego, 2007) contiene la perfecta pesadilla del urbanita medio: verse atrapado en medio de unos bosques que tienen dientes y pueden morder. La película funciona mejor durante sus dos primeros actos, en los que la amenaza (esos disparos surgidos de la nada) es tan indefinida como poderosa. Esa idea del campo como escenario de matanzas atávicas también está presente en Bosque de sombras (Koldo Serra, 2006), La noche del hermano (Santiago García de Leániz, 2005) y, sobre todo, El séptimo día (2004), en la que Carlos Saura y Ray Loriga invocan el fantasma de Puerto Hurraco en una España profunda esencializada, casi abstracta.

3. El thriller existencial: Las carreras a ciegas de Intacto (Juan Carlos Fresnadillo, 2001) son la perfecta metonimia de una película que logra aunar el cine de tesis con un concepto de espectáculo muy calculado. Este ensayo sobre el azar, el destino y la redención contiene suficientes dosis de existencialismo como para ganarse el calificativo de filme cerebral, pero ha habido que esperar hasta el final de la década para que Jim Jarmusch le regalara a nuestro cine uno de sus thrillers más radicales. Los límites del control (The Limits of Control, 2009) sumerge al cine de espías en un extrañísimo líquido amniótico que funde en una sola entidad los espíritus de Sartre y Melville. Ojalá todas las coproducciones fueran así de imprevisibles.

4. El thriller perverso: Una interpretación posible de la extraordinaria Los cronocrímenes (Nacho Vigalondo, 2007) situaría al personaje interpretado por Karra Elajalde en el laberinto de su propia perversión sexual, simbolizada por el misterio de una chica desnuda en medio de un bosque. La película se aleja de ese modelo de thriller fantástico que representaría el Jaume Balagueró pre–[REC] (2007) para proponer algo más complejo y cercano al giallo o a la ciencia-ficción literaria. La figura del demiurgo de fantasías perversas está presente en La caja Kovak (The Kovak Box, Daniel Monzón, 2006) y La habitación de Fermat (Luis Piedrahita y Rodrigo Sopeña, 2007), aunque también ha dado como fruto explotations tan increíblemente extrañas como H6: Diario de un asesino (Martín Garrido Barón, 2005), quizá la película española más perturbadora e insólita de la década.

5. El thriller sentimental: El último cine de Pedro Almodóvar nos descubre a un autor interesado en obligar a sus melodramas a regirse por las reglas del cine de suspense. Hable con ella (2002), La mala educación (2004) y Los abrazos rotos (2009) componen una peculiar trilogía de thriller sentimental, en la que sus personajes parecen conscientes de formar parte de un sinuoso baile de máscaras y la intriga supone el único recurso (posmoderno) para que estos desnuden sus emociones.

6. El thriller imperceptible: Al cine español del nuevo milenio no parece interesarle la figura del asesino como antagonista del relato, sino que sus intenciones están más cerca de la deconstrucción del arquetipo. Jaime Rosales debutó con Las horas del día (2003), crónica hiperrealista de la vida cotidiana de un serial killer que centraba toda su atención en unos momentos de inactividad que en cualquier otro thriller hubieran sido carne de elipsis. El resultado fue un Henry, retrato de un asesino (Henry: Portrait of a Serial Killer, John McNaughton, 1986) poseído por el espíritu del Godard más revolucionario. Rosales siguió profundizando en esta corriente con las fundamentales La soledad (2007) y Tiro en la cabeza (2008), reflexiones sobre el impacto del terrorismo en nuestra sociedad que cuestionan las bases del suspense cinematográfico desde su propio planteamiento ético y formal. El espectador es quien decide si el director practica el anti–suspense o si, por el contrario, está propulsando el género hacia terrenos inéditos: Rosales como apóstol de un thriller del futuro, a medio camino entre el ejercicio de estilo (en constante búsqueda de un nuevo lenguaje) y el compromiso insobornable con la realidad.

WE LOVE CINEMA

Por Sergio Amado.

Welovecinema.es alternará diariamente su sección “Operación” con un tema crítico de opinión acerca de “La mejor película española de la década”, mañana lunes 8 de febrero: Ruben Lardín (Escritor, crítico de cómic, Varadero)

1 Trackbacks

  1. Por ¡Suspense! « Emperador de los Helados en 8 Febrero, 2010 a las 13:55

    [...] no habrá post aquí, sino aquí: los insignes creadores de We Love Cinema me propusieron colaborar y, evidentemente, no tuve que [...]

2 Comentarios

  1. Abril 22

    No sabía que hubiera tantas variedades de Thriller jajaja! Es el genéro que más me gusta por que te hace estar pegado al sofá o butaca. Sobre Los Abrazos Rotos a mi me generó tal tensión que al llegar al final me pensé lo que no era.
    Spoiler
    Cuando nos cuentan el accidente de los protas, pensé que la mano negra del Empresario estaba detrás y cuando vi que no me quedé Chof jaja! Aunque acto seguido me muriera de la risa…

    Comentado 7 Febrero, 2010 a las 19:07 | Permalink
  2. pedrotoro!

    Diantres, Noel!
    Echo muchísimo en falta “La noche de los girasoles”, uno de los mejores thrillers españoles de la década. Y ni media mención para Urbizu, el más trhillero de nuestros directores, con su “Caja 507″ y “La vida mancha”, en el top junto a la de Sánchez-Cabezudo…
    El resto muy completo e interesante, como de costumbre, pero ahí va mi tirón de orejas particular.
    ;)

    Comentado 9 Febrero, 2010 a las 9:59 | Permalink