PORKY´S I–III: Haciendo historia

PORKY´S I–III: HACIENDO HISTORIA

Por Pablo Muñoz.

En su ensayo sobre la nostalgia, Frederic Jameson señala el papel relevante de American Graffiti (George Lucas, 1973) en el grupo retro de los films nostálgicos, tal vez de los primeros en usar las marcas del estilo pasado en el cine. John Landis con Desmadre a la americana (Animal House, 1978) emplearía el film nostálgico como una forma de añadir, al final, un comentario sarcástico sobre sus protagonistas/miembros de la sociedad en el poder. Bob Clark usó en su díptico Porky’s un par de evocaciones del pasado que sugieren una posibilidad del cine adolescente como comentario histórico maduro y mucho más interesante que la mera suplantación de máscaras.


Los cánones se debaten entre los títulos fundacionales y los rompedores. Nadie puede negar a Porky’s (1982) no cumplir su papel: al fin y al cabo, Bob Clark ya entregó otro producto fundacional con Black Christmas (1974) y parecía confortable dirigiendo una historia caracterizada por ofrecer, con precisión casi milimétrica, las claves de un género que se iría explotando y modulando. Una prueba de esta eficiencia del film como sucesión de gags chuscos inolvidables, presididos por una broma reconocible e intergeneracional acerca de las duchas femeninas, es que ninguna de sus exploits posteriores pudo, realmente, igualar su hazaña: las hipérboles del erotismo podían pensarse más brutales, pero no tan bien usadas, y los gags partían con seria desventaja al tener que reutilizar, de otros modos, los mismos ejes e incluso los mismos escenarios históricos. Hay, por supuesto, evocaciones del espíritu sensacionalista de las producciones primerizas de la American International Pictures y otras a través de la banda sonora con temas de Chuck Berry y los Crew Cuts. Pero, sin embargo, el espíritu iconoclasta de la película es evidente desde su primer plano: un neón que está formado por una suerte de cartoon à la Porky Pig excitado ante una cerdita. También su apuesta por los gags de iniciación y su ausencia de moralina cambiada por un tono jocoso de comedia. Clark usa algunos elementos evocadores del pasado, pero Porky’s no quiere parecerse a ninguna otra: construye una identidad cómica propia e incluye un tipo de comedia gamberra imposible en la época que se ambienta. Por lo tanto reescribe, de un modo más juvenil que otra cosa, la historia.

Porky´s 2: Al día siguiente (Porky’s II: The Next Day, 1983) es la cima del proyecto de Clark. En el guión colaboraron Roger Swaybill, cómplice habitual de Clark, y Alan Orsmby –en cuyo currículum figura coescribir y codirigir con Jeff Gillen Deranged (1974), biopic apócrifo de Ed Gein– e incluye muchos más guiños, tanto al cine de terror –desde la citada AIP hasta la misma La noche de los muertos vivientes (Night of the Living Dead, 1968) de George A. Romero. Pero sus gamberradas adquieren otro cariz y lo que encontramos es un comentario histórico sofisticado y muy comprometido: un reverendo prohíbe el Festival Shakespeare de los estudiantes y, además, está asociado al Ku Klux Klan que no duda en maltratar a un estudiante indio. El único político es un hombre demasiado ocupado para sonreír y seducir antes que comportarse como tal, una obvia parodia de la figura de JFK. Los protagonistas toman partido. Todas las bromas y gamberradas adquieren un tono político y comprometido: no solamente se trata de mostrar los problemas de la época como paisaje, sino de que sus protagonistas tomen un rol. Se trata de reescribir la historia, demostrando que hubo compromiso civil y que el cine teen es el subgénero ideal para hablar del rol de la juventud más allá del eco sociológico. Pero, además, el comentario de Shakespeare no es una mera excusa argumental, es gozosamente maduro. Aunque las interpretaciones de las obras en escena sean claramente en tono de farsa, la defensa de Shakespeare como signo libertario va más allá de la sonrisa cómplice ante un cierto romanticismo empedernido. Un par de magníficos libros dan fe de que Shakespeare no era reconocido en su tiempo como un genio o un gran literato: Shakespeare y su época, de Marchette Chutte (traducción de María Dolores Raich Ullán, Ed. Juventud, 1960), y el más reciente (y localizable) Shakespeare, de Bill Bryson (traducción de Andrés Ehrenhaus, RBA Libros, 2009). El teatro isabelino era un evento popular en su época, pero gracias al apoyo de la reina. Como explica Bryson, los puritanos veían los espectáculos teatrales como algo profundamente obsceno, unos <<nidos de prostitutas y personajes indeseables, un caldo de cultivo de enfermedades infecciosas, una distracción de la fe y una fuente insalubre de excitación sexual>> (pág. 71). Entonces no resulta incoherente la defensa de Shakespeare no solamente en un escenario de puritanos y en un film que es una secuela de un relato de iniciación sexual que también habla del temor a la pornografía y que también es un espectáculo popular, puesto que el cine teenager es un subgénero también menor, también con un público claro. Ahí la valentía de su gesto y ahí su carácter de rareza en el género por no repetir los esquemas de la primera entrega y ampliar su visión.

Porky´s 3: La venganza (Porky’s Revenge, James Komack, 1985) habla de la posibilidad de reforzar los males que se pretende exterminar y de que esto sea más temible: al ser una secuela renuncian a toda posibilidad puramente interesante (como una elipsis histórica escalofriante) y se queda en una coda eficaz antes que desechable y en un aprovechamiento, lógico, del inesperado potencial icónico y grotesco del villano de la segunda entrega. Nada más, porque James Komack y el guionista, Zinky Steinberg, repiten el esquema de la segunda entrega sin jugar el papel decisivo de la Historia que Clark usó con tanta brillantez. La fórmula queda agotada tan pronto como los estudiantes se gradúan y todo es una fórmula más o menos esperable y más o menos centrada en los gags, menos divertidos que los de su entrega inaugural, a la que buscaba parecerse dada la baja recaudación de la segunda entrega. Pero no importa: lo mejor de la franquicia ya lo había dirigido y escrito Clark y eso es lo importante.

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Por Roberto Rivas