PUBERTAD EXTREMA: Retrato del superhéroe adolescente

PUBERTAD EXTREMA:

RETRATO DEL SUPERHÉROE ADOLESCENTE

Por Juan Manuel Freire

El cine de superhéroes ya no es lo que era. Antes, los padres llevaban a sus hijos a ver las películas del género sin miedo a nada. Los primeros salían reconfortados de haber huido temporalmente del mundo adulto; los segundos lo hacían con ganas de salvar el mundo. Pero de algo como El Caballero Oscuro (The Dark Knight, Christopher Nolan, 2008) o Watchmen (Zack Snyder, 2009), los padres salen más hundidos de lo que entraron, si cabe; y sus hijos, confusos y aturdidos, sabedores de antemano que la vida no mejora cuando uno se hace mayor. Todo esto de la complejidad psicológica está muy bien, pero se añora un superhéroe algo menos de vuelta de todo que el Tony Stark de Robert Downey Jr. Uno, por favor, menos cascado; capaz aún de disfrutar y hacer disfrutar con sus poderes poco usuales.

Échenle la culpa al tránsito en masa de adolescentes a las salas de EEUU –los tweens dirigen el mundo–, pero el caso es que, en breve, el superhéroe de cine podría sentirse rejuvenecer. En abril –aquí en junio– se estrena Kick Ass. Listo para machacar (Kick-Ass, Matthew Vaughn, 2010), adaptación del cómic de Mark Millar y John Romita Jr. sobre adolescentes –sin poderes– enfundados en mallas para hacer el bien o algo por el estilo. Mítico en su desmitificación, también en su insolencia, el tebeo da para una gran película. Y Vaughn parece haber dado con ella.

Pero esta no es la única señal de un nuevo amanecer para el héroe con acné: también se preparan X-Men: First Class, mirada a los años de pubertad de los héroes mutantes vistos en la trilogía X-Men –tetralogía si contamos X–Men Orígenes: Lobezno (X–Men Origins: Wolverine, Gavin Hood, 2009)–; Runaways, a partir de la brillante serie creada por Brian K. Vaughan y Adrian Alphona; y, por supuesto, ese prometedor reinicio en clave teen de la saga Spider–Man comandado por Marc Webb, el director de la nunca bien ponderada (500) días juntos ((500) Days of Summer, 2009).

1. La odisea del superhéroe adolescente es una forma intensa –y extrema, si quieren– de referirse a las dificultades asociadas al tránsito hacia la edad adulta. Casi todos los grandes superhéroes han recibido sus poderes –o tenido los accidentes para conseguirlos– cuando son adolescentes. Esas nuevas fuerzas corriendo a través de sus cuerpos son versiones salidas de madre de las que atraviesan a cualquier quinceañero corriente. Los poderes son metáfora salvaje del cambio físico, pero también del mental: controlarlos supone saltar al mundo adulto; llegar a entender el significado de la responsabilidad.

Stan Lee dio origen al canon dorado de la metáfora con Spider –Man, un superhéroe, por fin, cercano a la realidad del lector medio de Marvel, un chaval humilde, de clase obrera, más dado a los tebeos que al fútbol. Con Spidey, Lee hacía pasar del adolescente heroico de simple comparsa al estilo Robin a icono principal. Sam Raimi pudo cultivar ese Spider–Man adolescente, pero dejó la idea hacia la mitad de Spider–Man (2002). Y para la tercera parte se adentró ya en terrenos del todo turbios, aunque sin la gravedad impostada de Superman Returns (Bryan Singer, 2006).

2. La idea es buena: elaborar una aventura que hable a los adolescentes sobre sus problemas en clave metafórica y les ayude a superar esa era de cambios o a aceptar su diferencia. Sin embargo, y aunque en los tebeos hay grandes ejemplos –The Intimates, Young Justice (Justicia Joven), la citada Runaways–, cuesta más encontrar buenos ejemplos de esa aventura en cualquier tipo de pantalla, salvando la teleserie Buffy, cazavampiros (Buffy The Vampire Slayer, 1997–2003), una completa e ingeniosa metáfora sobrenatural del mundo adolescente, o ciertos personajes aislados de tramas pobladas por diversas generaciones.

Entre ellos encontramos a Violet Parr, la joven estudiante introspectiva de Los Increíbles (The Incredibles, Brad Bird, 2004), quizá el mejor modelo de conducta del cine reciente para teens: la gran Violet consigue tomar las riendas de un poder que es metáfora de su angustia –la invisibilidad– para instalarse en el mundo en sus propios términos. De tapar su rostro con una melena j-horror pasa a quitarle las palabras a un chico que quiere invitarla al cine: <<Me gustan las películas. Yo compraré las palomitas>>.

Otro memorable superhéroe adolescente es Bobby Drake, de la saga X–Men, que lleva el tema de los poderes mucho mejor que su novia Pícara. Mientras ella tiene –lógico– miedo a su capacidad para absorber energía con solo tocar a alguien, su chico, Drake, el Hombre de Hielo, acepta su rareza con naturalidad y hace un uso simpático de ella: refresca la soda a Lobezno, en X–Men 2 (X2, Bryan Singer, 2003), o convierte una fuente en una pista de patinaje para Kitty Pryde, en X–Men 3: La decisión final (X–Men: The Last Stand, Brett Ratner, 2006). Drake disfruta de sus poderes, al contrario que su novia, los Héroes (Heroes, 2006–????) de NBC –Peter Petrelli es un calco masculino de la pobre Pícara: también absorbe poderes– o la Dakota Fanning de Push (Paul McGuigan, 2009), vidente de segunda generación un tanto hastiada de saber qué pasará a través de sus dibujos.

3. La idea del supergrupo adolescente es también alentadora, pero hasta la fecha pocas películas o teleseries han sabido desarrollarla con acierto. La lista de proyectos dudosos es eterna, de la innombrable Power Rangers. La película (Mighty Morphin Power Rangers: The Movie, Bryan Spicer, 1995) a la serie Misfits (2009–????), reverso brit y supuestamente irónico de Héroes –a su vez fallida–, pasando por rarezas filipinas como Super Noypi (Quark Henares, 2006). Y, en el fondo de la sima, Pequeños grandes héroes (Zoom, Peter Hewitt, 2006), deleznable comedia fantástica –con temas musicales de Smash Mouth a granel– sobre un superhéroe en decadencia, el capitán Zoom del título original (Tim Allen), encargado de entrenar a cuatro jóvenes para usar sus superpoderes y salvar la tierra. Nos quedan como consolación estupendas series de animación como Teen Titans (2003–2006), basada en la serie de cómics Jóvenes Titanes, de George Perez y Marv Wolfman; o Legión de Superhéroes (Legion of Super Heroes, 2006–????), con la novedad del entorno futurista.

4. Si Legión de Superhéroes se sitúa en un paisaje futuro imposible, otras ficciones apuestan por un escenario tan reconocible, tan cercano para todo el espectador juvenil como el instituto; con sus pruebas y con sus tribulaciones, en una suerte de revisión hiperbólica de Freaks & Geeks (1999–2000). La más popular debe ser Smallville (2001–????), pero antes de Clark Kent ya hubo aliens caídos del cielo en otra serie –mejor y de menor vida–, Roswell (1999–2002). Su héroe principal, Max Evans, era un extraterrestre de aliento melancólico que, al inicio de la serie, salvaba milagrosamente la vida de su adorada a costa de poner en juego su identidad real; igual que Edward con Bella.

Hay además institutos privados para superhéroes, como la escuela del Profesor Xavier, el Instituto Mutante, o Sky High, escenario de Sky High: Una escuela de altos vuelos (Sky High, Mike Mitchell, 2005), estimable película sobre un superhéroe adolescente con doble misión imposible: superar el trance demoledor del instituto y no decepcionar a sus padres, los mayores héroes del planeta: <<Para ser un buen hijo, tendré que salvar el mundo algún día>>, se lamenta Will Stronghold (Michael Angarano).

5. En sus mejores momentos, Sky High: Una escuela de altos vuelos se diría una de las clásicas películas de instituto de John Hughes, solo que con superhéroes. Encontramos los mismos ritos y rituales, así como la misma división de clases: los deportistas son los héroes, los geeks son acompañantes. También hace gala de la misma capacidad perceptiva. Es un buen film, aunque, no nos engañemos, mejorable: ¿quién se atreve?

TEEN MOVIES

Por Marta Menacho


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One Comentario

  1. Mirageman, por el amor de dios.

    Comentado 31 Marzo, 2010 a las 16:28 | Permalink