Spanish under the table: Rodado en inglés

SPANISH UNDER THE TABLE: RODADO EN INGLÉS

Por Patxi Gil Crenier.

Qué grata mi sorpresa al saber que a Julio Fernández –productor de películas como El maquinista (The Machinist, Brad Anderson, 2004) y [REC] (Jaume Balagueró y Paco Plaza, 2007), entre otras– se le otorgó el pasado mes de enero la Medalla de Oro de EGEDA en honor a toda su trayectoria como productor de cine. No es, ni mucho menos, el primer español en proyectar nuestro cine más allá de nuestras fronteras, pero su labor, que quizá pasa desapercibida, ha sido honrada, precisamente, por ese esfuerzo de promocionar nuestro talento de manera internacional.

Su modelo de producción a través de la Fantastic Factory evoca el recuerdo de aquellas producciones de cine de terror de los años sesenta y setenta a las que dimos la espalda (las películas de Jesús Franco o del recientemente fallecido Paul Naschy) y que, curiosamente, han cautivado (y cautivarán) con el paso de los años a un gran número de cinéfilos y cineastas tanto españoles como extranjeros.

Este cine, que encuentra su hueco en un ciclo de cine de terror en un centro cultural de Shoreditch (Londres), Pelham (Nueva York) o en las estanterías de un videoclub de Shibuya (Tokio), se aleja poco a poco de la sección de Cine europeo o español gracias a la labor de gente como Fernández, entregados a una idea de hacer un cine lejos del modelo nacionalista –considerado por muchos teóricos europeos como la única manera de competir contra el imperio hollywoodiense–. Y así, más allá de Penélope Cruz cantando en un bar de Aluche o los dramas desatados entre rojos y fascistas durante la Guerra Civil española, nos encontramos ante un cuerpo de películas que no sabemos ni que nos pertenece. Muchas de ellas son co–producciones, sí, pero cintas como El maquinista, Tardes de Gaudí (Gaudi Afternoon, Susan Seidelman, 2001), La vida secreta de las palabras (The Secret Life of Words, Isabel Coixet, 2005) o, incluso, El reino de los cielos (Kingdom of Heaven, Ridley Scott, 2005) e Instinto básico 2 (Basic Instint 2, Michael Caton–Jones, 2006) se han estrenado tanto en España como en la calle Pigalle de París sin que el público reconozca que en los descansos de rodaje alguno tuviera un bocadillo de chorizo.

Tomando como referencia Los otros (The Others, Alejandro Amenábar, 2001), la carrera para este cine made in Spain se ha disparado, llegando a lugares insospechados durante estos últimos diez años. Sin ir más lejos, KanZaman, una proveedora de servicios de producción que originalmente surgiera en Mónaco en los años noventa, se aventuró a la producción cinematográfica en España proyectando a un gran número de profesionales a través de cintas como Pasos de baile (The Dancer Upstairs, John Malkovich, 2002), Los fantasmas de Goya (Goya’s Ghosts, Milos Forman, 2006), el díptico de Steven Soderbergh sobre el Che Guevara –Che: El argentino (Che: Part One, 2008) y Che: Guerrilla (Che: Part Two, 2008)–, Vicky Cristina Barcelona (Woody Allen, 2008) o Mi vida en ruinas (My Life in Ruins, Donald Petrie, 2009), entre otras.

Estas producciones, con un esqueleto compuesto aún por un equipo internacional, han permitido cultivar el talento local durante sus rodajes en ciudades españolas (El reino de los cielos, por ejemplo, fue filmada en Sevilla, Segovia, Huesca y Ávila) y, además, abrir el paso a otro gran número de profesionales, desde maquilladores (Mar Paradela, Susana Sánchez), directores de fotografía (José Luis Alcaine, Javier Aguirresarobe), asistentes de dirección (Luis Casacuberta, Francisco Barrionuevo) o jóvenes productores con sanas ambiciones.

A esta tendencia internacionalista se adscribe el cine realizado por la catalana Isabel Coixet, que desde 2003, siguiendo bajo los brazos de una producción mayoritariamente nacional, ha continuado su carrera rodando principalmente en inglés. La vida secreta de las palabras, Mi vida sin mí (My Life Without Me, 2003) o Mapa de los sonidos de Tokyo (Map of the Sounds of Tokyo, 2009) se encuentran hoy en día en miles de catálogos alrededor del mundo, así como en los corazones de cualquier amante del cine romántico. A ella hay que añadir la labor durante estos años de Amenábar y Alex de la Iglesia, quien alejado ya de su periplo americano con Perdita Durango (1997), no sólo rueda Los crímenes de Oxford (The Oxford Murders, 2008) con un reparto de lujo, sino que se dispone a llevar su particular sentido del humor con un título que a muchos nos está intrigando bastante, Think About Disney.

Curiosamente, y al margen de estas “grandes firmas” de nuestro cine, la película que constituye el perfecto ejemplo de producción española camuflada u oculta es El maquinista, dirigida por el estadounidense Brad Anderson. La cinta, financiada por Filmax, todavía sorprende a cualquiera cuando descubre no sólo que es una película española en todo derecho, sino que todos los exteriores, que recrean una ciudad americana, fueron en realidad filmados en Barcelona.

Pocas han sido quizás las que han seguido este modelo, y probablemente El maquinista acabe siendo única en su modelo de producción (al menos, dentro de nuestras fronteras). Sin embargo, el éxito o fracaso de esta tendencia se ha visto diezmada por ese fenómeno sin precedentes que fue El laberinto del fauno (Guillermo del Toro, 2006). La película, producida por Telecinco, rompió con la excepción que constituía Los otros, y en breve le siguieron El orfanato (Juan Antonio Bayona, 2008) y [REC], convirtiéndose las tres en cintas que los angloparlantes soportaron ver con subtítulos.

Ágora (Agora, Alejandro Amenábar, 2009), última película española rodada en inglés, cierra por el momento esta década con un gran interrogante iniciado por el dichoso “efecto Amenábar”; y es que a estas alturas los americanos todavía no se deciden a distribuir la cinta. ¿Está este modelo de producción en inglés destinado a desaparecer? ¿O es quizá este modelo de producción el que poco a poco ha acostumbrado a sus audiencias anglófonas a tolerar otro cine en otras lenguas?

Lo cierto es que el modelo funciona y ha puesto en el mercado internacional a un gran número de profesionales, e incluso algo más necesario hoy en día: buenas relaciones entre profesionales de otros países. Con una sonrisa salgo de un cine de Londres de ver la ópera prima de Jordan Scott (hija del gran Ridley), Cracks (2009), no sólo por haber visto un peliculón, sino también por haber podido apreciar que la actriz María Valverde y el compositor musical Javier Navarrete han dejado sus mejores matices en un magnífico cuadro realizado por un equipo armónicamente integrado.

WE LOVE CINEMA

Por Miriam Anllo.


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One Comentario

  1. Thanks for article. Everytime like to read you.
    Boldy

    Comentado 15 Febrero, 2010 a las 12:24 | Permalink