Sympathy for Mr Almodóvar: De Todo sobre mi madre a Los abrazos rotos, en cinco pasos

SYMPATHY FOR MR. ALMODÓVAR : De Todo sobre mi madre a Los abrazos rotos, en cinco pasos

Por Tonio L. Alarcón.

1. Vivimos en un país que disfruta el enfrentamiento. Así que, de la misma manera que parece que uno sólo puede ser del Barça o del Madrid, zapaterista o pepero, también da la impresión de que uno sólo puede amar u odiar a Pedro Almodóvar. Sin medias tintas. Para los que lo odian, los que lo aman no tienen ningún criterio; para los que lo adoran, los que no opinan igual no son más que unos envidiosos. Sobre todo los críticos, que, como todo el mundo sabe, somos directores frustrados, personas rencorosas y destructivas. Esa polarización proviene de esa irracionalidad tan española que lleva a defender el producto autóctono de forma ciega, bordeando lo religioso -otro ejemplo sería el de Alejandro Amenábar, al que tampoco se le puede toser sin ser calificado, como poco, de desconsiderado-, sin dejar resquicio alguno para el desacuerdo. Personalmente, unas películas de Almodóvar me encantan, pero otras no, y me gustaría poder decirlo sin que se me considere un traidor a la patria o un amargado: creo, de hecho, que el cine español en general se beneficiaría de un mayor sentido de la autocrítica y una aceptación un poco más deportiva de la disensión.

2. Creo que Todo sobre mi madre (1999) marca el punto álgido como creador de Pedro Almodóvar. La llegada del siglo XXI marca su maduración definitiva como director, y con ella el (relativo) abandono de algunas de sus figuras de estilo más viscerales para abrazar el estilo mucho más clásico, más elegante, que llevaba años ensayando. Su puesta en escena se ha refinado en extremo, acercándose cada vez más a Douglas Sirk que a Rainer Werner Fassbinder, hasta el punto de que se ha convertido en uno de los creadores de imágenes más brillantes de nuestro país. Cuando Almodóvar acierta, lo hace de pleno, y gracias a ello es capaz de legar imágenes -cfr. las maravillosas escenas de doblaje de un film tan mediocre como Los abrazos rotos (2009)- capaces de transmitir más, y de forma más intensa, los sentimientos y las inquietudes de sus personajes, por encima de sus propios diálogos. Quizá su creación más bella sea la historia de ¿amor? de Benigno y Alicia en Hable con ella (2002), mezcla de sensibilidad y dureza, de elegancia y de negrura, que supone un destilado casi perfecto de los intereses melodramáticos que siempre ha arrastrado su cine.

3. De la misma forma, parece que la película protagonizada por Javier Cámara y Darío Grandinetti marca una escisión en la filmografía almodovariana. Como si al director ya no le bastara con referir a Sirk, y necesitara una evolución, un cambio de estilo que conllevara nuevas inquietudes. La fallida La mala educación (2004) marca, de hecho, una vuelta del manchego al cine de género, rasgo que ha poblado, siempre entre líneas, la mayor parte de su carrera -ahí están obras tan interesantes como Matador (1986) o Carne trémula(1997)-, y que ahora parece encaminarse hacia el noir más arrebatado. Y es que todas sus siguientes películas, incluso aquéllas en los que no lo parece, incluyen en mayor o menor medida elementos de cine negro, con cuyos estilemas el director juega -unas veces con más fortuna, otras con menos- para llevarlos a su propio terreno… Ahí tiene un peso fundamental, en mi opinión, ese eterno proyecto que Almodóvar nunca llega a concretar, la adaptación de la novela Tarántula, de Thierry Jonquet -los que la hayan leído, sabrán que es muy evidente por qué llamó su atención-, cuyos temas y sugerencias parecen haber estado alimentando su imaginación, aunque sea de forma indirecta, durante estos últimos años.

4. Almodóvar se ha topado, además, con un problema casi insalvable: de ser uno de los retratistas más agudos y sarcásticos de las clases bajas de los 80 y los 90, ha pasado a transformarse -a medida que se ha ido aislando socialmente, debido al éxito y al reconocimiento- en un cineasta burgués, en algunos sentidos elitista, en el que la recurrencia/referencia a las clases bajas tiene más de pose, de gesto forzado, que de instinto natural. O, lo que es lo mismo, se ha ido alejando cada vez más de su antiguo público y se ha labrado unos seguidores más intelectuales y cultivados. De hecho, me da la impresión de que Volver (2006) es un gesto casi desesperado de intentar recuperar a su antiguo público mediante un costumbrismo que, a estas alturas, suena a fórmula gastada. No se puede hablar con conocimiento de causa de amas de casa desde una oficina en la calle Francisco Navacerrada, de la misma manera que no se puede escribir sobre prostitutas tras hacer unas cuantas entrevistas mediatizadas por tu condición de director de cine. Mi impresión es que Almodóvar debería, como ha hecho en Los abrazos rotos, abrazar más intensamente el posmodernismo que siempre ha estado presente en sus imágenes para hablar de lo que ahora tiene más cerca: el propio cine.

5. No sé hacia dónde se encamina la carrera de Pedro Almodóvar. Probablemente, ni siquiera él lo sepa. Creo que aún puede dar más de sí y que, como creador irregular que es, resulta probable que acabe logrando una de esas obras maestras que nos regala de vez en cuando. Pero también es cierto que, cada vez más, sus defectos como guionista -sobre todo, su dificultad para “podar” personajes y situaciones innecesarios- cortocircuitan sus virtudes -es un magnífico dialoguista y caracterizador de personajes-… Hace tiempo que le iría bien aceptar la ayuda de un coguionista capaz de pulir dichos defectos, pero dudo que, a estas alturas, fuera capaz de adaptarse a otros sistemas de trabajo. Pero lo que, sin duda, me gustaría de verdad es verle perder el miedo -¡aunque fuera por una vez!- a decepcionar a su público y a sus exégetas, y que se lanzara de lleno a cultivar cine de género sin cortapisas, disfrutando del proceso de forma liberadora. Quién sabe si adaptando Tarántula -en ese guión que ha titulado La piel que habito-, sería capaz de abandonar el conservadurismo que le ancla a su propia imagen como director.

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Por Carolina Torres.

Welovecinema.es alternará diariamente su sección “Operación” con un tema crítico de opinión acerca de “La mejor película española de la década”, mañana Martes 19 de enero: Diego Salgado (Crítico cinematográfico, Cahiers España, Miradas de cine) y el pintor Daniel González Coves con un lienzo exclusivo para welovecinema.es