Una ilusión necesaria : Consideraciones sobre la identidad del cine español

UNA ILUSIÓN NECESARIA : CONSIDERACIONES SOBRE LA IDENTIDAD DEL CINE ESPAÑOL

Por Aurélien Le Genissel.

Muchas cosas han cambiado con la llegada del nuevo milenio. Si quisiéramos utilizar una metáfora (bastante) desgastada y cursi, podríamos decir que el final del siglo XX fue la adolescencia del cine español. Una época atractiva y desenfadada en la que la frescura y diversidad de las producciones permitió que el resto de los países se fijasen en el séptimo arte hecho en España. Esta última década podría verse entonces como su entrada en el mundo adulto, con el reconocimiento mundial de varios artistas (Almodóvar, Amenábar, Bardem…), los buenos resultados de algunas obras en el extranjero y, de manera general, una gran imagen de la creación española.

¿Quiere decir eso que “el cine español” está madurando? Seguramente. Pero aún le queda un paso decisivo en su crecimiento: asentarse. Y, para ello, sería bueno que supiera cuáles son sus objetivos, sus planteamientos, sus combates…O, dicho de otra forma, ¿qué queremos que se entienda a partir de ahora al hablar de “una película española”? Una cuestión semántica pero que, como todas, tiene un impacto en la industria del séptimo arte.

Basta con fijarse en dos ejemplos paradigmáticos: el cine americano y el francés. El primero tiene el inmenso poder de engullirlo todo y de llamar “película americana” a todo lo hecho con dinero suyo. Aunque sea una película realizada por un director extranjero, con un cásting internacional y sin pisar suelo norteamericano. Una “peli americana” ya se ha convertido casi en un adjetivo que califica un cierto tipo de cine visualmente definido y con un guión algo previsible. Puede resultar criticable, pero es eficiente. Basta con echarle un ojo a la surrealista lista de “nuevos directores americanos” (!) que publicaron los franceses de Cahiers du Cinéma hace un par de años para darse cuenta de la amplitud del desastre. Casi no sorprende encontrar a gente como  Alejandro Amenábar o Guillermo del Toro por allí. Seguramente sea una de las consecuencias de eso que se llama “triunfar en Hollywood”.

Algo parecido, aunque más sutil, pasa con Francia cuyo Centre National de la Cinématographie (CNC) (con la ayuda de varias distribuidoras privadas) resulta una perfecta máquina apropiacionista. Financiando obras más humildes pero de amplio calado crítico y simbólico (Haneke o los hermanos Dardenne) consigue crear una sinergia en la que estas obras (o creadores) casi se consideran franceses. Algo he oído al ir por allí de que Picasso, Brel o Jean Seberg eran franceses… Por poner algún (mínimo) ejemplo, podríamos hablar de las influencias francófilas de los dos últimos trabajos de Nobuhiro Suwa o de ¿Qué hora es? (Visage, 2009) de Tsai Ming-liang. Por no hablar del trabajo “pedagógico” del CNC por crear un cierto público que pueda ser sensible a un cine diferente. Obras tan diversas y acertadas como Ploy (Pen-Ek Ratanaruang, 2007), Of Time and the City (Terence Davies, 2008) o El cant dels ocells (Albert Serra, 2008) han recibido ayudas, en el plan de “ayudas selectivas a la distribución” de esta institución, para encontrar su lugar en la cartelera francesa. Un trabajo que el cine español debería hacer si no quiere que Albert Serra o Marc Recha dejen de ser “profetas en su tierra”, como suele decirse. No vendría mal centrarse en eso en lugar de ponerse a discutir sobre en qué lengua deben subtitularse las películas o cómo impedir que alguien pueda ver Rois et reine (Arnaud Desplechin, 2004), Hunger (Steve McQueen, 2008) o Thirst (Bakjwi, Park Chan-wook, 2009) por Internet cuando no hay rastro de ellas en nuestras carteleras…

Por ello, la industria española debería tratar de hacerse una idea de lo que es una película española. ¿Lo es Ágora (Agora, Alejandro Amenábar, 2009) con su reparto internacional? ¿Lo es El laberinto del fauno (2006), dirigida por del Toro? ¿Lo es la última propuesta de Jarmusch rodada casi íntegramente en España? ¿Lo es La huérfana (Orphan, Jaume Collet-Serra, 2009), dirigida por un catalán pero producida en Estados Unidos? O, mejor dicho, ¿queremos que lo sean? De una buena definición de lo que la industria española debe reivindicar como suyo debe salir una “cierta idea del cine español” por parafrasear a F. Truffaut. Y tener las ideas claras siempre sirve. Un ejemplo es el poco énfasis que se le dio, por ejemplo, a Los límites del control (The Limits of Control, Jim Jarmusch, 2009), una película que podríamos considerar como española en tanto que la aridez y excentricidad de las localizaciones forman parte de las dudas existenciales del protagonista. En cierto modo, moldean al personaje. Todo lo contrario de lo que pasa en el panfleto turístico de Woody Allen que, de ninguna manera, refleja nada del espíritu de Barcelona. Si es que algo así como el espíritu de una ciudad existe…


Hay (y debe haber) una infinidad de maneras diferentes de definir el cine español. Y, evidentemente, como toda industria, será un monstruo polimorfo y libre. Pero siempre es bueno ser conscientes de en qué se está convirtiendo y de lo que tendría que ser. Encontrar un semblante de identidad. Envejecer, con todo lo que ello conlleva de aburrido y burocrático pero, por ahora, necesario. Por ello, aunque resulte algo pesado y empalagoso, tiene sentido que Planet 51 (Jorge Blanco, Javier Abad y Marcos Martínez, 2009) insista en ser una “peli de animación española”. También tiene sentido intentar reapropiarse la creatividad individual que ha tenido que exiliarse para poder existir (Jaume Collet-Serra o Luis Berdejo) y afirmar que La huérfana puede ser una obra española. Lo mismo pasa con la adaptación de obras nacionales -Abre los ojos (Alejandro Amenábar, 2007)/Vanilla Sky (Cameron Crowe, 2001)- o el ensalzamiento de un cine contemporáneo ya clásico -Spanish Movie (Javier Ruiz Caldera, 2009)-. Existe, por ejemplo, una gran proyección del cine de terror/suspense español. ¿Por qué no puede pasar lo mismo con las comedias si conseguimos vender al extranjero la infumable serie Escenas de Matrimonio (a la francesa M6)?

Suena raro hablar de identidad del arte…pero en esas estamos. Porque Francia, Estados Unidos, Corea del Sur o Italia no dudan en hacerlo. Algunos tienen el dinero, otros la tradición, los demás el exotismo (todos el genio). El cine español tiene el talento. Pero, si no quiere convertirse en una cantera de individualidades en la que los demás vengan a pescar, tiene que afirmarse como tal. El tiempo para demostrar la valía del cine de aquí ya ha pasado. Ahora hay que actuar sabiendo que es una evidencia. Presentarse como un grande, creerse un grande. Es decir, no tener nada que demostrar. <<Ningún ganador cree en el azar>>, decía Nietzsche…

WE LOVE CINEMA

Por Work in Progress.

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Welovecinema.es comienza a partir de hoy una serie de dos entrevistas a nuestros invitados del “Nuevo cine español del milenio”, Riot cinema Collective. Hoy “La idea de El cosmonauta”.


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One Comentario

  1. Yo creo que más que una idea formal o temática, se trata de saber valorar el talento que tenemos aquí y saber vendérnoslo a nosotros mismos y, si es posible, también fuera de nuestras fronteras.

    Hablo de talento y no de temas o estilos porque creo que lo importante es hacer buenas películas, no buenas películas españolas. Lo de español creo que va implícito en la propia película si tiene presupuesto español o una parte de su equipo es de esa nacionalidad. Entiendo que es importante resaltarlo en el sentido de que debemos empezar a valorar nuestro cine y también debemos empezar a creer que podemos contar cualquier tipo de historia que nos propongamos. Si hacemos de nuestras cabezas visibles un motivo de orgullo nacional quizás podamos conseguir que la cosa marche por el buen camino en unos años. Y cuando digo orgullo nacional no me refiero a ondear la banderita, que sinceramente me importa bien poco, sino a sentir que si alguien cercano a nosotros geográfica y culturalmente es capaz de contar y rodar historias que nos entusiasmen, quizás nosotros también seamos capaces de hacerlo, y de ese modo, a la larga, nos quitaremos muchos complejos y tópicos heredados de otros tiempos, para entender nuestro cine, el cine español, como un cine, ante todo, honesto por parte de sus autores, valiente y variado, que sea capaz de atraer a su público y acabe por no necesitar de etiquetas para que funcione.

    Comentado 23 Febrero, 2010 a las 0:30 | Permalink