Veteranos en acción: Cuestión de generaciones

VETERANOS EN ACCIÓN: CUESTIÓN DE GENERACIONES

Por Beatriz Martínez.

Carlos Saura, Manuel Gutiérrez Aragón, Basilio Martín Patino, José  Luis Borau, Mario Camus, Vicente Aranda o Gonzalo Suárez. No forman una generación delimitada, como pudiera tratarse de la nómina de directores que conformaron la nouvelle vague, tampoco el trabajo que han realizado durante sus respectivas trayectorias podría considerarse como aglutinador de un determinado estilo o una corriente estética… Sin embargo, sí se trata de directores que contribuyeron a dar un soplo de aire fresco a la cinematografía española durante las décadas de los sesenta y setenta, que recogieron a la perfección el sentido crítico–irónico–metafórico de autores como Luis García Berlanga o Juan Antonio Bardem, que lucharon contra la censura con propuestas valientes, diferentes y concienciadas con la realidad política pero sin olvidar en ellas un enorme sentimiento autoral, una capacidad para pasar por el filtro de su personalidad ficciones que se empapaban de fuerza y empuje tanto a nivel sensitivo y emocional, como a nivel técnico y estilístico.

Con la llegada de alguno de estos directores, con el surgimiento de la Escuela de Barcelona y con el pleno desarrollo, en esos momentos, de las carreras de Berlanga, Bardem y Luis Buñuel, el cine español alcanzó (me atrevo a afirmar) su máximo esplendor, a través de una brillantez y elegancia que vino acompañada por el reconocimiento internacional que alcanzaron muchas de sus figuras gracias a los galardones conseguidos en los más prestigiosos certámenes cinematográficos (1)

Los tiempos cambian, las modas también. Lo único que tienen en común los directores mencionados, es que han continuado en activo desarrollando su corpus fílmico hasta la actualidad, desafiando todas y cada una de las transformaciones que la industria ha sufrido durante los últimos tiempos, luchando por seguir fieles a su espíritu a pesar de ser en muchas ocasiones conscientes de su anacronismo dentro de los actuales modos de elaboración de tendencias y de la simplificación ideológica y artística a la que está abocado un sistema de producción en el que difícilmente tienen cabida. Desde luego, en España no se profesa el respeto hacia la veteranía que podemos encontrar hacia los directores supervivientes de otras generaciones en países como Francia o Italia. Mientras las nuevas generaciones cinéfilas rinden pleitesía a Jean–Luc Godard o Jacques Rivette (cuya aportación a la Historia del cine, por otro lado, resulta incuestionable), siguen sin atreverse a reivindicar (todo lo contrario, casi se regodean en despreciar) a figuras tan irrebatibles, tan influyentes como la de Carlos Saura. Puede que uno de los factores sea el olvido, que la más reciente cinefilia dedique más tiempo a ver, por ejemplo, toda la filmografía de Claire Denis que a rescatar cintas como Elisa, vida mía (1977). Pero, ¿por qué esa ingratitud hacia la Historia del cine de nuestro propio país?

Parece como si el interés por el cine se hubiera limitado a conocer que aquello que hay que ver para estar al día, para intentar demostrar una sabiduría fílmica que tiene como únicos referentes el cine de los noventa y el de estos últimos diez años de nuevo siglo. Precisamente este dossier pretende trazar líneas de estudio para que ahondemos en el conocimiento de lo que ha sido la evolución de nuestra cinematografía en estos primeros años de siglo XXI, por lo que no se debería olvidar que, durante este tiempo, Saura ha realizado El séptimo día (2004), Vicente Aranda, Juana la Loca (2001), Manuel Gutiérrez Aragón, La vida que te espera (2004), Basilio Martín Patino, Octavia (2002) y José Luis Borau, Leo (2000), películas todas ellas muy apreciables que venían a confirmar que nos encontrábamos ante autores experimentados que todavía se encontraban en disposición de seguir elaborando su discurso a través de films de impoluta calidad que nos adentraban de nuevo en sus particulares universos personales.

También es cierto que nos han ofrecido en estos diez años lo mejor y lo peor de lo que eran capaces: Buñuel y la mesa del rey Salomón (Carlos Saura, 2001), Tirante el Blanco (Vicente Aranda, 2006) o Todos estamos invitados (Manuel Gutiérrez Aragón, 2008). Pero también debemos considerar que en todos los casos se trataba al menos de propuestas audaces, al límite de sí mismas,y que en ningún caso justificarían que se denostara la importancia de cada uno de ellos como autores importantes dentro de nuestra cinematografía (2).

La convivencia de nuevos talentos y de directores veteranos en activo sigue siendo fundamental para la salud del cine español, porque de esa forma se fomenta una retroalimentación de influencias tremendamente enriquecedora que no puede hacer sino vigorizar el espíritu de cada nueva obra. Cabría plantearse, en última instancia, por qué el cine español ha desembocado en esa desidia por parte del interés de crítica y público y comparar el riesgo que corrían los cineastas entonces y ahora, y reflexionar también  las razones por las que cineastas tan auténticos como Isaki Lacuesta, siguen siendo minoritarios dentro de una sociedad que seguramente se encontraba hace veinte años culturalmente más capacitada para entender su cine.

Notas:

(1) Carlos Saura se alzó en Berlín con el Oso de Plata en 1966 por La caza (1965) y en 1968 por Peppermint Frappé (1967), y con el Oso de Oro en 1981 por Deprisa, Deprisa; en Cannes con el Premio del Jurado en 1974 por La prima Angélica y con el Gran Premio del Jurado en 1976 por Cría Cuervos; Basilio Martín Patino en 1966 con su ópera prima Nueve cartas a Berta sorprendió ganando el premio al Mejor Director; Mario Camus obtuvo el Oso de Oro de Berlín por La colmena en 1982 y la Palma de Oro para Francisco Rabal y Alfredo Landa por Los santos inocentes en 1984; Manuel Gutiérrez Aragón consiguió en el Festival de San Sebastián los premios al Mejor Director por Sonámbulos (1978), la Concha de Oro por La mitad del cielo (1986)  y en el Festival de Berlín el Premio al Mejor Director por Camada negra (1977).

(2) En el foro cinéfilo Cinexilio aparecía el siguiente post: «Una buena noticia: Manuel Gutiérrez Aragón deja el cine», para a continuación verter en su contenido comentarios, digamos, que poco cariñosos.

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Welovecinema.es alternará diariamente su sección “Operación” con un tema crítico de opinión acerca de “La mejor película española de la década”, mañana viernes 29 de enero: Elo Vázquez (Fotógrafa, Hello Elo) con una obra exclusiva  de la artista Petry encinar.