YO LA VI PRIMERO (Fernando Fernán Gómez, 1974)

YO LA VI PRIMERO (Fernando Fernán Gómez, 1974)

Por Rafael Gómez

Quizá la película que más me ha impresionado relacionada con el tema de la adolescencia es Yo la vi primero. Posiblemente porque la vi en cine cuando era muy pequeño y se trataba de una película en la que aparecían personas que simulaban ser niños. O quizá porque percibí algo diferente en la forma de hacer cine, aunque en aquel momento yo no había pensado ni por asomo dedicarme a la investigación ni a la docencia realizada con medios audiovisuales. Este film dirigido por Fernando Fernán Gómez y protagonizado por Manuel Summers –además de ser el guionista del mismo junto con Chumy Chúmez, Arturo Rubal y el propio Fernán Gómez–, me pareció muy atractivo en el sentido de que resumía muchos géneros y manifestaba cierta frescura en su modo de realización. Había humor, nostalgia, drama, amor y fábula (con cierto aire de ironía psicoanalista indirecta a la manera de los ensayos sobre la Psicología de los cuentos de hadas expuestos por Bruno Bettelheim), todo ello basado en una historia aparentemente sencilla pero que posee muchas lecturas, sobre todo vista desde la actualidad.

La película (y me parece oportuno contarla de una manera un tanto infantil, tal como yo la percibí) narra la vida de un niño enamorado de una niña, su vecinita, con quien comparte toda su niñez hasta que un buen día el niño tiene un accidente tras el que queda en coma. Años después, sale de su enfermedad con el cuerpo de un adulto, como es lógico, pero con la mentalidad infantil que tenía antes del accidente y con sus mismos objetivos y propósitos, como es el jugar y el amar a la niña de sus sueños que ahora está casada con un señor mayor que aparenta ser un ogro. Aparentemente, todo parece ser un cuento muy infantil, pero no lo es tanto cuando los objetivos de Manuel Summers, que interpreta al niño–adulto, se transforman en obsesiones. Dichas circunstancias marcan una visión particular en las que la adaptación a la cotidianeidad por parte del discapacitado incide en el chiste y su relación con el inconsciente.

La carga emocional de imágenes cómicas que se irá reproduciendo a lo largo de varias secuencias en las que se muestra a un adulto comportándose como un niño ofrece no sólo diversas lecturas psicoanalíticas sobre los poderes del inconsciente, sino en torno al tema de las relaciones sociales y a la adaptabilidad de lo que puede percibirse como diferente.

El plantear un problema de disfunción cerebral como motivo de humor está representado, evidentemente, de forma cariñosa o amable, aunque recrear en la actualidad una película desde este punto de vista quizá sea políticamente incorrecto (a lo mejor estoy exagerando). Lo más curioso de esta historia es que no se encuentre editada ni distribuida, como la mayor parte de películas de Summers, porque aunque no la dirigiera, para mí forma parte de su filmografía. Por tanto, me parece justo reivindicar esta película, no sólo por considerarla una de mis favoritas sino, a modo de pequeño homenaje, para resaltar el trabajo de un director que impulsó el humor desde la prensa, el cine y la televisión y que, además, supo trabajar en las hibridaciones de representación entre realidad y ficción en otros de sus trabajos, siendo una influencia muy evidente en los registros documentales que se realizan en la actualidad. Otras películas suyas, como Del rosa al amarillo (1963), Adiós, cigüeña, adiós (1971), El niño es nuestro (1973), ¡Ya soy mujer! (1975) o Mi primer pecado (1977), que forman parte del imaginario de la adolescencia, merecen formar parte de la historia del cine español y del paso del clasicismo a la posmodernidad en las formas de realización fílmica –y ahí están la citada Del rosa al amarillo, El juego de la oca (1965) o Juguetes rotos (1966), entre otras, para demostrarlo–. De hecho, siempre que la he recomendado a algunos amigos que la vieran –a través de copias grabadas en mala calidad, ya que no hay otro modo–, les ha parecido, cuanto menos, interesante. Para mí siempre será una película que formó parte de mi adolescencia, sobre la adolescencia, que, de alguna forma, me conquistó para que volviera a rescatarla y no dejar de verla durante mucho tiempo.

TEEN MOVIES

Por Ana Canet